A pesar de las promesas de que no dejarían a nadie atrás, la realidad es tozuda y las cifras hablan por sí solas: bajo el mandato de Pedro Sánchez se han ejecutado más de 270.000 desahucios, a un ritmo de casi 90 diarios.
Han sido cientos de miles de dramas silenciosos, familias vulnerables y tragedias invisibles a las que nadie se molestó en ponerles un rostro.
Hasta que apareció Maricarmen. A sus 87 años y tras su reciente ingreso hospitalario, su figura ha sido rápidamente elevada a la categoría de símbolo. No es casualidad. La intervención del Sindicato de Inquilinas y la maquinaria mediática de la izquierda evidencian una táctica clara: exprimir la vulnerabilidad de esta anciana para convertirla en un ariete político, ocultando así el fracaso de las políticas de vivienda.
exprimir la vulnerabilidad de esta anciana para convertirla en un ariete político
El tacticismo asoma ahora hacia un escenario aún más perverso: la instrumentalización de un posible desenlace fatal. Se prepara el terreno para el melodrama, apelando al estómago del electorado con retóricas hiperbólicas que sugieren que su pérdida «dejaría huérfana a España, al menos a una mitad».
se prepara el terreno para el melodrama
Se busca establecer una falsa causalidad entre el drama habitacional y su declive de salud para golpear al adversario, bloqueando cualquier análisis racional.
La política exige tejer soluciones estructurales reales, no erigir mártires coyunturales utilizando el dolor ajeno para ganar la batalla del relato. Por su propio bienestar, y por la mínima dignidad del debate público: no te mueras, Maricarmen.





