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Sociedad

VIVIENDA EN ESPAÑA: la aritmética de la escasez que expulsa a las clases trabajadoras

Se construyen unas 90.000 viviendas al año y se forman más de 250.000 hogares. Segunda…

Juan J. Alonso
Bloque de pisos de un barrio obrero, símbolo de la crisis de la vivienda en España.

Sin un techo estable no hay ahorro, ni emancipación, ni familia que se sostenga. En el debate público, la subida de alquileres y precios de compra se suele achacar a «la especulación», a «los fondos buitre» o a «la falta de regulación». Pero si se miran los números, el fondo del problema es más simple: una oferta de vivienda que apenas puede crecer choca con una demanda de población que ha crecido mucho y muy deprisa.

Cuántas viviendas se construyen y cuántos hogares se crean

La vivienda no funciona como otros productos. Tiene tres rasgos que explican buena parte de lo que está pasando.

Construir una vivienda lleva años

La vivienda no se fabrica en cadena ni llega en un barco en unas semanas. Entre que un suelo se califica como urbanizable, se aprueban los planes parciales, se urbaniza, se conceden las licencias, se levanta el edificio y se obtiene la licencia de primera ocupación, pasan de media entre cinco y ocho años. La oferta reacciona tarde por pura definición, tanto técnica como legal.

El sector promotor nunca se recuperó de 2008

Tras el pinchazo de la burbuja, la construcción en España quedó muy reducida. Se pasó de más de 600.000 visados al año a una media, durante la última década, de entre 80.000 y 110.000 viviendas anuales en todo el país. Con eso apenas se cubre el desgaste del parque ya construido y la movilidad interna de siempre.

Evolución vivienda, salarios, rentas e inflación

Los hogares crecen mucho más rápido

Frente a esas 90.000 llaves al año, la creación neta de hogares ha superado sistemáticamente los 250.000 anuales. Esa diferencia no viene de la natalidad, que está en mínimos históricos, sino de la llegada continuada de cientos de miles de personas por migración neta, que se concentran en los grandes centros de actividad económica.

El resultado es un déficit de cientos de miles de viviendas acumulado en menos de cinco años. Y a diferencia de otros bienes, aquí no hay sustituto ni se puede importar: el espacio urbano es el que es. Cuando cientos de miles de personas necesitan alojamiento desde el primer día, toda esa presión cae de golpe sobre las viviendas que ya existen.

el mercado se ha ajustado a la demanda bajando el listón de lo que entendemos por vivienda digna.

El alquiler por habitaciones desplaza al piso familiar

Quien llega sin patrimonio, sin ahorros y sin historial crediticio en el país no puede comprar. Su única puerta de entrada es el alquiler privado, y ahí se concentra toda la demanda nueva. Eso ha cambiado las cuentas del arrendador.

A 400 o 500 euros cada una, alquiladas a personas que aceptan compartir piso, esa misma vivienda genera entre 1.200 y 1.600 euros brutos al mes. El rendimiento por metro cuadrado sube entre un 50 % y un 80 %.

Habitación pequeña de un piso compartido, ejemplo del alquiler por habitaciones.
Habitación pequeña de un piso compartido, ejemplo del alquiler por habitaciones.

La familia local se queda fuera

Para una pareja o una familia trabajadora que quiere criar a sus hijos con algo de intimidad y estabilidad, pagar 1.400 o 1.500 euros por ese piso es inasumible: se llevaría más del 60 % de sus ingresos netos. No puede competir con tres o cuatro sueldos sumados bajo el mismo techo, ya sea en convivencia intensiva o en hacinamiento aceptado.

Esto no es algo marginal. Se ha convertido en un modelo de negocio extendido en las ciudades. El piso familiar asequible ha ido desapareciendo de los portales inmobiliarios y en su lugar hay habitaciones pequeñas donde el espacio propio se reduce a la cama y a compartir cocina y baño. El mercado se ha adaptado a la demanda rebajando lo que en un país desarrollado se considera una vivienda digna.

Se rompe la cadena que movía el mercado

En economía urbana se habla del filtrado residencial (housing filter). La idea es sencilla: las familias que mejoran sus ingresos se mudan a una vivienda nueva o más grande, y dejan libre la suya, que pasa a parejas más jóvenes. Así, en la base del sistema siempre quedan pisos más modestos para quien empieza o tiene ingresos bajos.

La llegada repentina de tanta demanda ha roto esa cadena en todos sus eslabones.

Ahorrar para la entrada es casi imposible

Para conseguir una hipoteca, los bancos exigen aportar el 20 % del valor de tasación, más entre un 8 % y un 10 % de impuestos (Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales), notaría y registro. Para un piso modesto de 200.000 euros hacen falta al menos 60.000 euros en efectivo. Si cada mes se va entre el 40 % y el 60 % del sueldo en un alquiler inflado por la escasez, acumular ese dinero no es realista. El trabajador local queda atrapado en el alquiler.

el alquiler funciona como una subasta cerrada en la que el precio de entrada queda muy por encima de lo que permite el salario medio

El pequeño propietario se blinda

La mayor parte de las viviendas en alquiler en España son de particulares. Con una normativa que les genera inseguridad y con juicios por impago que se alargan, su respuesta ante el exceso de candidatos es endurecer las condiciones. Cuando un anuncio recibe decenas de solicitudes en un día, el propietario puede pedir contrato indefinido con años de antigüedad, nóminas que tripliquen o cuadrupliquen la renta, avalistas con inmuebles libres de cargas y un seguro de impago con criterios muy estrictos.

El joven que empieza no pasa el filtro

Un joven con contrato de formación, sueldo de entrada o en periodo de prueba queda descartado automáticamente por esos filtros y por los algoritmos de las aseguradoras. Puede tener estudios y un entorno solvente, pero sus números no compiten con grupos de convivencia con varios sueldos o con perfiles que aportan más avales.

El alquiler funciona así como una subasta cerrada en la que el precio de entrada queda muy por encima de lo que permite el salario medio.

Consecuencias: expulsión, emancipación tardía y menos hijos

La crisis de la vivienda no se queda en el bolsillo. Afecta a la continuidad demográfica de la población local. El espacio urbano es limitado: cuando se satura, quien tiene menos margen para aceptar condiciones peores acaba saliendo hacia fuera.

Hacia periferias cada vez más lejanas

Vivienda espana aritmetica escasez
Atasco de entrada a una ciudad al amanecer, reflejo de la expulsión hacia la periferia por el precio de la vivienda.

Las familias trabajadoras y los jóvenes que no aceptan vivir en una habitación o pagar rentas asfixiantes acaban dejando sus barrios de siempre y las primeras coronas metropolitanas. Se van a la segunda o tercera corona, a pueblos dormitorio o a comarcas vecinas mal conectadas. Y eso tiene un coste:

  • Más tiempo de desplazamiento: con frecuencia, más de dos o tres horas al día entre transporte público y atascos.
  • Más gasto en gasolina, peajes y mantenimiento del coche, que se come buena parte de lo que se ahorra en alquiler.
  • Menos red familiar: lejos de padres y abuelos, se pierde la ayuda con el cuidado de los niños y la vida diaria sale más cara.

La emancipación llega a los 30

España está entre los países de la Unión Europea donde más tarde se deja la casa de los padres: en torno a los 30 años, según Eurostat, cuatro más que la media europea. No es una cuestión cultural ni de comodidad, sino de números que no salen. Muchos jóvenes pasan la década más activa de su vida en su habitación de siempre porque no pueden asumir lo que cuesta independizarse. Los informes del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España llevan años documentando esa situación.

Menos hijos, y más tarde

El retraso en la emancipación tiene una consecuencia directa: la caída de la natalidad. Decidir tener un primer o un segundo hijo depende mucho de contar con un hogar seguro y estable a medio plazo. Si los jóvenes viven en pisos compartidos con desconocidos o con contratos de alquiler que suben cada año, los planes de tener hijos se aplazan. Se retrasa la maternidad y la paternidad hasta edades biológicamente críticas, se tiene un solo hijo o ninguno.

Aquí aparece una paradoja: se defiende la necesidad de una inmigración masiva para compensar el «invierno demográfico», pero los efectos de ese mismo choque sobre la vivienda son los que impiden que la población local tenga hijos y asegure su propio relevo.

No es una cuestión cultural ni de comodidad, sino de números que no salen.
Y aquí está la paradoja: se defiende la necesidad de una inmigración masiva para compensar el «invierno demográfico», pero los efectos de ese mismo choque sobre la vivienda son los que impiden que la población local tenga hijos y asegure su propio relevo

El artículo 47 de la Constitución y un parque público casi inexistente

El artículo 47 de la Constitución reconoce el derecho de todos los españoles a una vivienda digna y adecuada y obliga a los poderes públicos a crear las condiciones para que sea efectivo, como recuerda el preámbulo de la Ley 12/2023 por el derecho a la vivienda. Pero no es un derecho fundamental que se pueda reclamar directamente ante un tribunal: es un principio rector de la política social y económica.

Cuatro décadas sin vivienda social en alquiler

Durante cuarenta años, las administraciones renunciaron a crear y proteger un parque público de alquiler permanente. Mientras países como Austria, Países Bajos o Francia consolidaban parques públicos de entre el 15 % y el 25 % del total, en España la vivienda protegida se destinó sobre todo a la venta subvencionada, y con los años se fue descalificando y pasando al mercado libre. Resultado:

  • El parque público de alquiler social en España es una rareza en Europa: apenas entre el 1,5 % y el 2,5 % del total.
  • Es tan pequeño que no puede absorber ningún aumento de demanda y se ha convertido en un recurso marginal que se disputa a fondo.

la vivienda ha dejado de ser una base de estabilidad para convertirse en la principal vía por la que se van las rentas del trabajo

Quién se queda sin ayuda

Con tan pocas viviendas sociales, los baremos para adjudicarlas, y también las ayudas directas al alquiler, se han concentrado en situaciones de vulnerabilidad extrema: sin ingresos, en riesgo inminente de exclusión y con muchos hijos menores a cargo.

Las consecuencias para la cohesión social son serias:

  • La clase trabajadora local, que gana demasiado para entrar en esos baremos pero demasiado poco para competir en el mercado libre, se queda sin ningún tipo de apoyo público.
  • El contribuyente local paga con sus impuestos esa estructura asistencial, pero sus solicitudes suelen quedar por detrás de las de recién llegados que, a su llegada, presentan mayores indicadores de vulnerabilidad.

Para las mayorías trabajadoras, el mandato constitucional se queda en una declaración sin contenido. Tienen que moverse en un mercado privado al límite, sin red pública y compitiendo por un espacio que, según esta serie sostiene, las políticas públicas han saturado.

Resumen: los seis factores del colapso

Cuadro vivienda1

Un resultado previsible

El problema de acceso a la vivienda en España no es una catástrofe natural ni un fallo imprevisto del mercado. Es, según el planteamiento de esta serie, el resultado previsible de abrir la puerta a una demanda anual que duplica o triplica la capacidad de construir, sobre un parque de viviendas que apenas crece. Así, el suelo se ha convertido en un bien de lujo y las clases trabajadoras, en inquilinos precarios.

La desaparición del alquiler familiar, la expansión del alquiler por habitaciones y la salida forzada de los jóvenes hacia la periferia muestran que el Estado social está fallando en lo más básico. La vivienda ha dejado de ser una base de estabilidad para convertirse en la principal vía por la que se van las rentas del trabajo. Bloquea la emancipación de los jóvenes y frena el relevo generacional del país.


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