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Análisis político

DIEGO RUBIO: CESE O DIMISIÓN

La crisis de Ceuta no fue una sorpresa inevitable: hubo alertas previas y, según las…

César Girón

LA CRISIS DE CEUTA NO FUE UNA SORPRESA INEVITABLE: HUBO ALERTAS PREVIAS Y, SEGÚN LAS INFORMACIONES CONOCIDAS, ADVERTENCIAS QUE FUERON MINIMIZADAS. DIEGO RUBIO QUEDA EN EL CENTRO DE UNA GRAVE RESPONSABILIDAD POLÍTICA QUE EXIGE EXPLICACIONES Y CONSECUENCIAS.

Hay momentos en política en los que un error deja de ser un error y se convierte en una responsabilidad. Lo ocurrido en Ceuta puede ser uno de ellos. Y las informaciones conocidas ahora sitúan a Diego Rubio Rodríguez, director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, en el centro de una pregunta que ya no admite evasivas: ¿por qué se desactivó la alarma cuando había señales suficientes para actuar?

Según ha publicado El Independiente, el 27 de julio —tres días antes de la avalancha— Juan Jesús Vivas trasladó en una reunión telemática con Rubio, representantes del CNI e Interior su preocupación por el fuerte incremento de las entradas a nado y por los mensajes que circulaban sobre una posible entrada masiva. Según las fuentes consultadas por el diario, Rubio rebajó la tensión y afirmó que aquello «pasa todos los veranos». Tres días después, más de 80.000 personas entrarían irregularmente en Ceuta, según las cifras posteriormente manejadas por el Gobierno.

según las fuentes consultadas por el diario, Rubio rebajó la tensión y afirmó que aquello «pasa todos los veranos»

Si la información publicada se confirma, la frase de “esto pasa todos los veranos” adquiere una dimensión política extraordinariamente grave. Porque una cosa es equivocarse en una previsión y otra muy distinta recibir una alerta, disponer de información adicional procedente de los servicios de inteligencia y decidir que el riesgo no merece una respuesta extraordinaria. El problema no es haber calculado mal. El problema es haber calculado mal desde una posición en la que el error puede tener consecuencias sobre la seguridad, la soberanía y la integridad territorial de España.

Rubio ha hecho de la prospectiva una parte esencial de su trayectoria profesional. Pero la prospectiva tiene una virtud y un defecto: sirve para imaginar escenarios; no sirve para sustituir a la realidad. Y cuando la realidad llama a la puerta con miles de personas cruzando una frontera, no basta con modificar el escenario en una pantalla. 

Hay algo todavía más preocupante. Desde que estalló la crisis, La Moncloa parece empeñada en reconstruir los acontecimientos como quien intenta resolver un Tetris después de que las piezas hayan caído al suelo. Se mueve una pieza, se cambia otra, se busca un culpable diferente, se ajusta una explicación y se vuelve a intentar encajar el conjunto.

hay algo todavía más preocupante. Desde que estalló la crisis, La Moncloa parece empeñada en reconstruir los acontecimientos como quien intenta resolver un Tetris

Mafias. Redes sociales. Argelia. Desinformación. Actores extranjeros. El propio Vivas. La ultraderecha, la internacional reaccionaria y ahora, también, Israel, Rusia y Elon Musk inmersos en un nuevo género de guerra: la cognitiva. Todo parece servir para explicar lo sucedido, menos afrontar de frente la pregunta esencial: qué ocurrió en la frontera marroquí y por qué España no reaccionó a tiempo ante las señales disponibles. Margarita Robles parece que sí lo tiene muy claro…

Ahora sabemos, además, que el 29 de julio se habría trasladado al delegado del Gobierno una previsión de una avalancha que podía superar las 100.000 personas. La secuencia es, por tanto, cada vez más difícil de despachar como una simple sorpresa. Es una consecuencia. Y aquí aparece la clara responsabilidad de Rubio, por supuesto, que sin minimizar la de su jefe Sánchez preparaba sus vacaciones y el “no molesten” para colgarlo en la puerta de La Mareta.

Minusvalorar una alerta de esa magnitud cuando ocupa precisamente el lugar desde el que debía coordinar, anticipar y elevar la respuesta política del Estado es completamente reprochable e inadmisible. Es difícil imaginar una expresión más desafortunada para describir lo que estaba ocurriendo. No era un verano más. Era el preludio de una de las mayores crisis fronterizas sufridas por España y el problema existencial más grave sucedido en democracia junto al 23-F y el 11-M.

Y después, dado el macro fallo, llegó el relato. Comenzó a funcionar la factoría de ficciones de Moncloa para tapar la negligencia, la incompetencia propia y del veraneante en Lanzarote. En lugar de asumir que pudo existir un fallo de anticipación, el Gobierno ya desplegó, y en ello sigue, una auténtica ingeniería narrativa. El objetivo parece consistir en repartir responsabilidades por todos los puntos del mapa mundial hasta conseguir que nadie pueda identificar al responsable de la decisión fundamental: no haber actuado cuando todavía había tiempo para hacerlo. ¿Recuerdan el apagón?…

comenzó a funcionar la factoría de ficciones de Moncloa para tapar la negligencia la incompetencia propia y del veraneante en Lanzarote

Pero la realidad tiene una mala costumbre para los ingenieros del relato: y es que deja evidencias y pruebas. Deja llamadas. Deja reuniones. Deja mensajes. Deja informes. Deja cámaras. Deja testimonios. Deja miles de ciudadanos que recuerdan perfectamente lo que ocurrió. Y deja una cronología.

La política puede discutir las interpretaciones, que no deja de ser perverso, pero lo que no puede hacer es modificar los hechos para que encajen en la interpretación elegida al estilo que lo hacía Goebbles.

Por eso, si se confirma, que creo que lo está, que Diego Rubio recibió el aviso de Vivas, conoció las señales detectadas por los servicios de inteligencia y, aun así, contribuyó a rebajar la percepción del riesgo, su continuidad al frente del Gabinete de la Presidencia resulta difícilmente justificable y debería ser cesado, si no tiene arrestos para dimitir por dignidad siquiera «académica», por haber suspendido estrepitosamente.

No se trata de buscar un chivo expiatorio. Se trata de exigir responsabilidad. Quien ocupa uno de los puestos más poderosos de La Moncloa no puede comportarse como si España fuese un laboratorio de prospectiva en el que los errores se corrigen cambiando el relato. Cuando se juega con la seguridad de una ciudad española y con la integridad de la frontera, los experimentos terminan teniendo consecuencias reales.

quien ocupa uno de los puestos más poderosos de La Moncloa no puede comportarse como si España fuese un laboratorio de prospectiva en el que los errores se corrigen cambiando el relato

Diego Rubio debe explicar qué hizo, qué supo, qué comunicó y qué decisiones impulsó después de aquella reunión del 27 de julio y si no puede ofrecer una explicación convincente, debe asumir la responsabilidad política, que la tiene, aunque sea la última trinchera de Sánchez, que realmente es a quien protege y con el que comparte responsabilidad.

Cese o dimisión. No hay tercera vía. Porque el problema de Ceuta ya no es solamente quién cruzó la frontera. También es quién vio venir la crisis, quién decidió que no era para tanto y quién, después, intentó convertir el fracaso de la prevención en un problema de relato. Una responsabilidad que no puede esconderse detrás de un PowerPoint.

Cese o dimisión. No hay tercera vía.

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