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Análisis político

EL GOBIERNO COMO LABORATORIO DEL ENGAÑO

IMPONER UNA INTERPRETACIÓN DE LOS HECHOS IMPORTA MÁS QUE LOS HECHOS MISMOS, LA POLÍTICA CORRE…

Redacción HG
Diego Rubio y Maquiavelo

DIEGO RUBIO RODRÍGUEZ HA CONVERTIDO LA ESTRATEGIA DEL RELATO EN UNA PIEZA CENTRAL DE LA MONCLOA: CUANDO IMPONER UNA INTERPRETACIÓN DE LOS HECHOS IMPORTA MÁS QUE LOS HECHOS MISMOS, LA POLÍTICA CORRE EL RIESGO DE PERDER SU BRÚJULA ÉTICA.

Ante lo que está sucediendo en Ceuta hay una pregunta que debería inquietarnos mucho más de lo que lo hace: ¿qué ocurre cuando quienes tienen la responsabilidad de gobernar dejan de considerar la verdad un límite y empiezan a contemplarla como una variable más de la estrategia política? No hablamos únicamente de propaganda, ni de comunicación institucional, ni siquiera de esa exageración retórica que acompaña desde siempre a la política. Hablamos de algo más profundo: de convertir el relato en una realidad paralela que debe imponerse sobre los hechos. 

En el centro de esta forma de entender la política se encuentra una figura que merece mucha más atención de la que está recibiendo. Se trata de Diego Rubio Rodríguez, director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, y el equipo que trabaja bajo su dirección.

Rubio no es un improvisado. Es historiador y conoce perfectamente la tradición intelectual que ha estudiado. Su tesis doctoral, La ética del engaño: secreto, transparencia y engaño en los orígenes del pensamiento político moderno, no constituye simplemente una defensa de la mentira. Su planteamiento académico es mucho más sofisticado: parte de una cuestión de enorme trascendencia política y moral: ¿puede el engaño ser legítimo o incluso necesario para el funcionamiento de una sociedad y del poder político?

La pregunta es perfectamente legítima para un historiador. El problema comienza cuando una reflexión sobre la historia del poder parece convertirse en una metodología de ejercicio del poder. Porque entonces el engaño deja de ser necesariamente una anomalía para convertirse en una herramienta. Y la frontera entre explicar la realidad y fabricar una percepción de la realidad empieza a desaparecer.

No hace falta afirmar que Rubio haya trasladado mecánicamente las conclusiones de su tesis a La Moncloa. Sería intelectualmente poco riguroso. Pero sí resulta legítimo preguntarse qué consecuencias tiene que un especialista precisamente en estas materias ocupe una posición tan decisiva en la arquitectura de la Presidencia del Gobierno y dirija un equipo cuya función esencial es diseñar y ordenar el discurso político del Ejecutivo. Y lo que estamos viendo resulta preocupante.

no hace falta afirmar que Rubio haya trasladado mecánicamente las conclusiones de su tesis a La Moncloa

Acostumbramos a decir que Pedro Sánchez y sus allegados son maestros de la mentira directa. Quizá sea una explicación demasiado sencilla. El fenómeno es más sofisticado. El poder contemporáneo puede conseguir que una falsedad explícita sea incluso innecesaria. Basta con seleccionar los hechos, omitir aquello que incomoda, utilizar eufemismos, mantener deliberadamente zonas de sombra, esconder información, modificar el significado de las palabras o envolver una decisión controvertida en un relato emocionalmente eficaz.

laboratorio del engaño
El Gobierno y el Engaño abstracto (Realizado por IA)

No se trata necesariamente de negar los hechos. Se trata de conseguir que dejen de importar. Nietzsche ya lo planteó y Goebbels lo hizo. Los resultados ya los conocemos. Las consecuencias en una sociedad como la actual ya están evaluados previamente por Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, a los que tanto debe Rubio.

El objetivo ya no sería convencer al ciudadano de que algo es verdad, sino conseguir que acepte como irrelevante aquello que contradice el relato. La política deja así de ser una disputa entre interpretaciones diferentes de una realidad compartida y se transforma en una lucha por imponer realidades diferentes.

Eso tiene consecuencias devastadoras, porque una democracia no puede sobrevivir mucho tiempo si sus ciudadanos dejan de compartir siquiera un suelo común de hechos. La polarización no surge únicamente de la radicalidad de los partidos o de las redes sociales. También puede alimentarse desde los propios centros de poder cuando la comunicación política se convierte en una maquinaria permanente de confrontación, deslegitimación del adversario y construcción de una realidad favorable. El resultado es una sociedad cada vez más incapaz de distinguir entre información y propaganda, entre explicación y manipulación, entre transparencia y escenificación. Véase lo que está sucediendo en Ceuta. Los vecinos hablan de lo que ven, el carrusel inexplicable de ministros de lo que quieren imponer al margen de la realidad. 

el objetivo ya no sería convencer al ciudadano de que algo es verdad, sino conseguir que acepte como irrelevante aquello que contradice el relato

Y aquí aparece la cuestión fundamental: la política no puede juzgarse únicamente por sus resultados inmediatos. Que una mentira produzca un resultado políticamente conveniente no convierte la mentira en verdad. Que una manipulación evite una crisis parlamentaria no la transforma en transparencia. Que una ocultación permita mantener una mayoría no convierte el secreto en virtud pública. Hay límites.

Un gobernante no puede disponer de la realidad como si fuera propiedad de su partido. Una institución pública tampoco puede convertirse en un laboratorio donde se experimenta hasta dónde puede llevarse la manipulación del lenguaje, la polarización social o la ingeniería del relato sin que la democracia reaccione.

La política necesita estrategia, naturalmente. Necesita comunicación. Necesita incluso cierta prudencia y reserva. Pero necesita, sobre todo, ética. Porque cuando la eficacia se convierte en el único criterio, cualquier cosa puede terminar justificándose por sus resultados. Y ese es precisamente el peligro de esta nueva política del relato: que termine haciendo creer que todo lo eficaz es legítimo.

España no necesita un Gobierno que gane permanentemente la batalla del relato. Necesita un Gobierno que no tenga miedo a enfrentarse a la realidad sin maquillarla y que gobierne. Porque todo no vale. Ni siquiera cuando funciona. Y con Diego Rubio Rodríguez en La Moncloa, Nicolás Maquiavelo está más vivo que nunca.

la política necesita estrategia, naturalmente. Necesita comunicación. Necesita incluso cierta prudencia y reserva. Pero necesita, sobre todo, ética

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