“LA ALHAMBRA PLANIFICADA”, LA NUEVA EXPOSICIÓN QUE NOS OFRECE EL PATRONATO EN EL PALACIO DE CARLOS V, NO ES UNA MUESTRA MÁS: ES UNA REVELACIÓN DEL MONUMENTO COMO UN ORGANISMO GESTIONADO Y PROYECTADO DURANTE SIGLOS, QUE INVITA A ENTENDERLO COMO PROCESO HISTÓRICO VIVO Y NO COMO RELIQUIA ROMÁNTICA.
En la primera mañana fría del otoño me he visto cálidamente reconfortado tras visitar la muestra que ha comisariado el gran arquitecto Pedro Salmerón. Tanto que tras marcharme he tomado papel y lápiz -digital- y me he decidido a plasmar mi encuentro con esa realidad afortunada que es la Alhambra inmemorial y épica.
Creo que por primera vez se ha hecho justicia de la razón histórica y se exhibe el monumento más visitado de España, no como fetiche romántico y de anhelo prototurístico, sino como un organismo vivo: pensado, gestionado, corregido, reparado, y proyectado durante siglos. Planificado —eso es exactamente lo que el título de la muestra proclama—, sin miedo y sin metáforas, desde el ayer hasta la infinitud más futura en la que perdurará por trabajos anteriores y presentes.
la Capilla, la Sala de la Emperatriz y la Cripta del Palacio de Carlos V se convierten en una secuencia inteligentemente hilada
El visitante se encuentra con planos, cartografías, imágenes históricas, documentación técnica y audiovisual. No hay exotismo aquí: hay método. Y el método es profundamente emocionante, acaso lo que más me llamó la atención descubrir.
La Capilla, la Sala de la Emperatriz y la Cripta del Palacio de Carlos V se convierten en una secuencia inteligentemente hilada: se pasa de la Alhambra nazarí a las intervenciones modernas; del mito literario romántico a los planes estratégicos contemporáneos; de la restauración como gesto poético a la conservación como ciencia y como decisión pública; ahí es nada…
Resulta particularmente elocuente el foco en el Patio de los Leones como eje narrativo. Ese patio —tan fotografiado, tan simbólico, tan “post-tarjeta postal” y vellocino del turismo fugaz y anónimo “Jasones y argonautas anodinos”— se convierte aquí en un espejo: un lugar donde se ve la evolución de los criterios patrimoniales, desde los enfoques decimonónicos hasta las metodologías profesionales del siglo XX y XXI.
La exposición, además, dialoga discretamente con el propio continente que la acoge. El Palacio de Carlos V —esa pieza renacentista incrustada por fortuna en el corazón nazarí como valora Earl E. Rosenthal— es, en realidad, la prueba física más contundente de que la Alhambra no es una imagen congelada, sino un palimpsesto, único y de casi incomprensible supervivencia.
la exposición, además, dialoga discretamente con el propio continente que la acoge
Cuando se abandona la exposición la sensación final es gratificante, intelectualmente superior, a modo de elixir reparador de conciencias que facilita entender que para que un monumento perviva, sobreviva, subsista, alguien tiene que pensar, decidir, planificar y corregir. Porque la belleza sin gestión se marchita; Y se concluye que la Alhambra —tan idolatrada como frágil— sigue siendo lo que fue y es gracias a que ha habido manos y pensadores competentes que han asumido esa responsabilidad de recoger, preservar y transmitir.
“La Alhambra Planificada” no es una exposición sobre el pasado. Es una presentación reivindicativa del presente del monumento y sobre la lucidez de haber querido hacer un futuro para un legado que en otro lugar y con otros responsables incomprometidos solo sería pasado desaparecido o un instrumento vulgar más al socaire de la industria turística. No así lo que la Alhambra es y lo que la exposición reafirma: “un monumento que se piensa así mismo”.





