La escritora madrileña Josefina Martos Peregrín, granadina y accitana de adopción, es narradora y poeta. Cultiva además de la novela, el relato y la poesía, la traducción y la fotografía. Entre otras sociedades literarias, es sátrapa trascendente del Institutum Pataphysicum Granatensis.
Ha recibido diversos premios y ha sido incluida en numerosas antologías tanto de narrativa como de poesía, entre las que destaca “Onírica” (2023). Ha publicado, entre otras obras, “Myriastérides” (2006),”La cumbre del Silencio” (2012), “Nocturnos” (2014), “Mortalmente vivo” (2014), “El mar y los siglos” (2017), el libro-disco “La caja de música de Erik Satie” (2018), “Ejemplares vivos a la luz de la luna” (2021), “Fuego de invierno” (2022). Sus “Estampas japonesas”, memoria escrita y visual de un viaje a Japón, aguardan su próxima publicación.
GARNATA HORIZONTE ha hablado con la autora de su último libro: “Cuentos desobedientes seguidos de Malabarismos”.
Josefina Martos Peregrín
¿Por qué son “desobedientes” sus cuentos?
Porque a la hora de escribir no acato leyes, aun sabiendo que se han promulgado a docenas y se reiteran machaconamente. Decálogos y normativas pueden resultar útiles en los inicios, cuando se carece de rodaje, pero sobran cuando se ha transitado asiduamente la narrativa y se ha escrito una buena cantidad de cuentos.
Precisamente lo que me fascina de la escritura es ese lanzamiento a lo desconocido, en especial cuando abordo un terreno tan propicio al hallazgo como el del cuento. Exploro por placer; forma y tema se me imponen, los trabajo, cambio, matizo, hasta quedar satisfecha, o casi satisfecha (del todo es imposible).
Explique a nuestros lectores, por favor, eso de los “malabarismos”.
La segunda parte de este libro, la titulada “Malabarismos”, se compone de dos secciones, “Aventurismos” y “Rescates”, ambas relacionadas con el “Oulipo”, propuesta literaria experimental y lúdica surgida en el París de 1960 alrededor del escritor Raymond Queneau.
Con aspectos tomados del Surrealismo y de la Patafísica, su piedra angular es la restricción, la limitación voluntaria como estímulo creativo; los propios “oulipianos” se definieron como “ratas que construyen el laberinto del que se proponen salir”.
Quizá la palabra clave sea “juego”, entendiendo el juego como actividad apasionada y vital; un juego que me ha llevado a elaborar historias utilizando palabras que cuentan con las cinco vocales (“Aventurismos”) y rebuscando en diccionarios vocablos olvidados o en creciente desuso (“Rescates”): pequeñas obras escritas para divertir y divertirme.
a la hora de escribir no acato leyes
Quizá la palabra clave sea “juego”, entendiendo el juego como actividad apasionada y vital
Después de unos diez libros (en solitario, sin contar las antologías de varios autores en que ha sido incluida) ¿qué valoración hace usted del conjunto de su producción literaria? Y ¿cuál será la siguiente obra que verá la luz?
Aunque empecé a escribir pronto, tardé en decidirme a publicar, por timidez, dudas, desconocimiento del mundillo literario. Para mí la literatura abarcaba únicamente los libros, sin más; viví indiferente a autores, colegas vivos, lectores, editoriales, ferias, vanidades… Tal vez de un modo inconsciente quería mantenerme libre de la realidad, pero al dar el salto a la publicación descubrí funciones fundamentales, tales como la comunicación
con los lectores y la interpretación creativa que estos llevan.
Me siento orgullosa del conjunto de mi obra, la considero personal y bien labrada; solo yo sé contra cuántos monstruos, propios y ajenos, he luchado para escribirla y para publicarla.
Espero que la vida me regale tiempo y fuerzas suficientes para desarrollar esbozos y culminar proyectos.
Muy avanzado se encuentra mi próximo libro, “Estampas japonesas”, memorias escritas y visuales de un viaje a Japón, de mis impresiones y reflexiones en un país tan diferente a todo. Lo que más guerra me está dando es la selección de fotografías, porque no quiero que únicamente ilustren lo escrito, sino que muestren una entidad relacionada, pero no subordinada al texto.
aunque empecé a escribir pronto, tardé en decidirme a publicar



Granada -donde reside actualmente- y Guadix -donde vivió- ¿qué espacio ocupan en su obra literaria y fotográfica?
Naturalmente forman parte de mi vida y, en consecuencia, también de mis obras, aunque prefiero huir de localismos; me inspiran sueños y personajes que a menudo sitúo en parajes sin nombre o de nombre inventado; me siento más libre hablando de un Macondo que de una ciudad visible en el mapa. Por ejemplo, la cueva aparece en mis relatos con cierta frecuencia, sin duda, como fruto de mi permanencia en Guadix, pero no preciso ceñirme a su espacio real.
Algo parecido me ocurre con la fotografía: imágenes absolutamente ligadas a un lugar y, sin embargo, no siempre reconocible.
Quizá debería hablar de una unión íntima, callada, a los espacios en los que vivo; de evocación más que de señalamiento.
la cueva aparece en mis relatos con cierta frecuencia, sin duda, como fruto de mi permanencia en Guadix, pero no preciso ceñirme a su espacio real






Como fotógrafa tiene usted un punto de vista personal, subjetivo, que busca la emoción. Con esa misma mirada de fotógrafa ¿cree usted que Granada tiene carencias? ¿podría ser una ciudad más amable?
Todas las ciudades actuales sufren carencias y, sobre todo, contradicciones. Granada no es la excepción: nos complican la vida su tráfico rodado, excesivo para un trazado callejero anterior al automóvil; la relativa falta de espacios verdes, más el odio que parece ensañarse en los árboles crecidos; la contaminación… Pero por encima de todo, nos agota el exceso de turismo.
El turismo, plaga no solo consentida, sino ansiada. Fuente de ingresos engañosamente fácil. En un primer momento, salvaguarda la belleza del lugar, pero inmediatamente la degrada, la fosiliza, la envenena.
Roma, Toledo, Praga, París, Granada… ¿A dónde iremos que no contemplemos la misma invasión? Y si vamos, ¿no somos parte del problema? Me gusta viajar, he viajado, ¿cómo culpar a los demás de hacer lo mismo que hago y he hecho? ¿En las multitudes forasteras, quién sobra?
No conozco la solución, pero si la hubiera, pasaría por un cambio de modelo de vida, muy alejado del goce rápido, del “Sálvese quien pueda” que nos domina hoy.




