CARDIÓLOGO E INTENSIVISTA, ESTE PINTOR GRANADINO SE FORMÓ ARTÍSTICAMENTE EN LA ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS. VOCACIÓN QUE, DADA SU PROFESIÓN, DERIVÓ HACIA EL DIBUJO DE TEMAS MÉDICOS, QUE PRESENTÓ EN PUBLICACIONES Y CONGRESOS, AUNQUE NUNCA ABANDONÓ LA PINTURA, QUE RETOMÓ CON GRAN DEDICACIÓN TRAS JUBILARSE. TRAS DIVERSAS MUESTRAS EN SOLITARIO Y COLECTIVAS, CON MOTIVO DE SU RECIENTE EXPOSICIÓN DE ACUARELAS EN EL CENTRO ARTÍSTICO, “GRANADA EN MIS PINCELES”, GARNATA HORIZONTE LO HA ENTREVISTADO.
Fotos: Juan Jiménez Alonso
Juan Miguel Torres: “GRANADA EN MIS PINCELES”
Sorprende que un médico tenga esta fuerte vocación artística. ¿Cuándo comenzó a pintar?
Recuerdo que mi madre dibujaba bien, de hecho un tío suyo fue un pintor famoso, uno de los promotores del Centro Artístico, Miguel Horques. Cuando mi padre vio que yo tenía ciertas facultades, me animó a pintar y para ello me inscribió en la Escuela de Artes y Oficios. Por la mañana hacía el Bachillerato y por las tardes iba a la Escuela de Artes. Miguel Lozano fue mi profesor de Dibujo, incluso gané varios premios allí, estudié óleo, pastel, carboncillo, muchas técnicas –de todo menos acuarela–, aunque he de reconocer que yo dibujo mejor que pinto.
Yo dibujo mejor que pinto
¿Los estudios y el ejercicio de su profesión le fueron apartando de la pintura?
Cuando comencé la carrera de Medicina abandoné la Escuela de Artes y Oficios, pero lo cierto es que no he dejado de pintar nunca. Me centré en el dibujo de temas médicos, me hacían encargos para revistas especializadas. El dibujo era una válvula de escape de mi trabajo diario, que era duro. Cuando tenía un momento libre incluso hacía caricaturas de mis compañeros. Como trabajaba en la UVI, cuando me saturaba, cogía mi moto y me iba por la provincia para romper los conflictos mentales del trabajo. Hasta que un día, mientras subía la cuesta del Progreso, vi en el escaparate de una tienda de bellas artes una cajita de acuarelas. Como dije antes, nunca había pintado acuarela. La compré y también un bloc con papel más bien malo. Aquello era lo que necesitaba, aunque al principio era un desastre, las rompía todas.
Cuando comencé Medicina abandoné la Escuela de Artes y Oficios, pero no he dejado de pintar nunca
¿Cómo fue a partir de entonces su relación con la acuarela y cómo ha ido evolucionando?
Al acabar mi jornada diaria y al terminar de leer y estudiar artículos médicos, empecé a hacer un rato de acuarela. Me desbloqueaba, era una terapia magnífica y menos peligrosa que la moto. A partir de entonces procuré pintar más, pero mi profesión no me dejaba, pintaba cuando podía, sobre todo en vacaciones. Por esos años exponía en la Facultad de Medicina o en el hospital, poca cosa.
Cuando me jubilé, dirigía por entonces la UVI y Urgencias del Clínico, me quedé pasmado, quieto, sin hacer nada. Mi mujer me regaló una caja de pastel para dibujar y gracias a eso, en un momento dado, volví a la acuarela. Me ha llenado completamente la vida. Te obliga a tal concentración, porque no admite error, que me olvido de todo –enfermedades, guerras, catástrofes, incluso de los políticos–. Pinto hasta que me canso, cuando lo hago me voy.
Veo una luz, una imagen, un color que me pide: “píntame”
Después ya sí he expuesto muchas veces en colectivas y también de manera individual, entre otras varias veces en el Centro Artístico, en el Colegio de Farmacéuticos, en el Colegio de Abogados, en Motril, también hice unas cuantas en Alhama, la tierra de mi padre. Durante el confinamiento me quedé sin exponer en Íllora y Montefrío, la tierra de mis abuelos, y aún tengo el material. A día de hoy me resulta ya más cómodo exponer en la capital.
Su obra es particularmente realista, de tal forma que reproduce usted hasta los grafitis. ¿Cómo trabaja?
Busco los lugares que me gustan, pateo el Albaicín. Eso es otra cosa buena que tiene la acuarela, que me obliga a caminar. De pronto veo una luz, una imagen, un color que me pide: “píntame”. Procuro buscar la hora más bonita, la sombra que yo quiero, y para eso voy por la mañana, a mediodía, por la tarde, ¡hasta cuatro veces vuelvo al mismo sitio! Casi siempre con un pequeño bloc, tomo notas, reproduzco algún color que me llama la atención, el verde de una puerta, por ejemplo. Y siempre tomo fotos para seguir con el trabajo en casa, porque aunque algunas cosas las pinto “in situ”, el problema es que hay que llevar el caballete, el tablero, el papel, el agua, las pinturas, una silla… y en casa en más fácil, en especial a mis años. Cuando tengo dudas cogo el camino y vuelvo al lugar a resolverla.
Pintar en la calle le habrá proporcionado multitud de anécdotas
Hay que tener paciencia con los “opinadores”. Algunos se paran, la mayoría solo mira, pero otros opinan y ¡vaya si lo hacen! Recuerdo una vez pintando en la Herradura junto al mar, cuando yo hacía las primeras aguadas para dar el tono general del cuadro, un señor me dijo: “qué feo está eso”. Después me dijo: “esto no tiene arreglo”. Al final le ofrecí el pincel y le dije: “¿Quiere usted seguir?”.
Me gusta mucho la pintura de arquitectura urbana
No me gusta que me vean pintar, ni siquiera mi familia. Me han ofrecido dar clase en alguna escuela de pintura y hacer demostraciones a grupos de pintores, pero, primero, pienso que no soy quién para enseñar a nadie y, segundo, no soporto que me miren cuando estoy pintando.
¿Qué motivos son sus preferidos?
En mi obra todo es tema granadino. Me gusta mucho la pintura de arquitectura, la urbana. En esta exposición, “Granada en mis pinceles”, hay algún paisaje de Sierra Nevada, pero menos. Pinto poca figura humana. Aquí hay algo de Realejo, de Sacromonte, de Alhambra –pero vista desde fuera y de lejos, por dentro apenas la he pintado–.
Para mí el Albaicín es el gran descubrimiento, por eso casi toda la exposición es de allí. Aunque soy granadino de pura cepa, conocía lo típico, aunque no en profundidad, hasta que un paciente, amigo de la familia, se fue a vivir allí a un carmen muy bonito, y subí a verlo muchas veces. Por eso descubrí aquella belleza, las luces, las calles. A partir de ese momento, cuando terminaba una guardia me iba allí, estaba horas descubriendo el Albaicín y hasta el día de hoy.
Me apasiona pintar los desconchones de las paredes, las casas ruinosas, lo roto
Tengo otros temas que no he expuesto en esta ocasión. Me apasionan los desconchones de las paredes, las casas ruinosas, lo roto, que he tratado en otras muestras.




