GRANADA NO NECESITA CONVERTIRSE EN EL “MÓNACO DEL SUR”: EL EVENTO KART ROYALE DISTORSIONA SU IDENTIDAD HISTÓRICA, BLOQUEA SU CENTRO Y APORTA ESCASO BENEFICIO REAL FRENTE AL PERJUICIO URBANO Y CULTURAL.
Durante ocho días, Granada se rendirá al zumbido de los motores, que vienen a recordar el otrora olor a gasolina y al estruendo de una pista improvisada en pleno corazón de una ciudad. Ocho días —ni uno menos— en los que el centro histórico quedará cortado para acoger el llamado Kart Royale, un evento que algunos promotores, con grandilocuencia y cierto complejo de inferioridad, han querido vender como la oportunidad de convertir a Granada en el “Mónaco del Sur”. ¡Ojalá el glamour de la capital monegasca pudiera traducirse por el abejorreo de los coches eléctricos!
¿Mónaco del Sur? La comparación, además de absurda, resulta ofensiva. Granada no es, ni necesita ser, una copia de nada. Su identidad se asienta sobre siglos de historia, arte y vida universitaria; sobre una forma de habitar las calles, de mirar la Alhambra, de saborear una tapa entre amigos. Lo que la hace única es precisamente lo que ahora se pretende tapar con vallas metálicas, balizas y neumáticos de seguridad.
Las autoridades locales defienden el evento apelando al “impacto económico”, a la “proyección internacional” y a la “innovación en el uso del espacio urbano”. Pero, ¿cuál es el beneficio real para la ciudad? ¿Cuánto se gana —si es que se gana algo— cuando se paraliza el centro histórico durante más de una semana, cuando se complica el acceso de vecinos, comerciantes y turistas, cuando se cambia el bullicio humano por el rugido artificial de los motores, por muy eléctricos y “ecologetas” que sean?
Las autoridades locales defienden el evento apelando al “impacto económico”
La respuesta es sencilla: se gana poco y se pierde mucho. Se pierde coherencia, sentido común y respeto por el entorno. Granada no necesita disfrazarse de circuito para ser moderna; su modernidad debería pasar por conservar su belleza, potenciar su vida cultural y mejorar la calidad de vida de sus habitantes, no por convertir sus calles en un parque temático de velocidad.
No se trata de estar en contra del deporte o de la innovación, sino de tener criterio. Hay espacios, hay contextos y hay límites. Lo que en Mónaco forma parte de una tradición con décadas de historia y una infraestructura urbana organizada y en buena medida pensada para ello, aquí se convierte en un espectáculo improvisado y costoso socialmente, más pensado para la foto y el titular que para el bien común.

Sinceramente, nuestra ciudad merece otros acontecimientos más acordes con lo que es. Granada no necesita ser el “Mónaco del Sur”. Lo que necesita es ser, sin complejos, Granada: una ciudad viva, culta, orgullosa de sí misma y de su historia.
Lo demás —la bataola émula de lo que realmente esconde, el corte de calles, las comparaciones forzadas— no deja de ser solo eso: ruido.



Un comentario
Totalmente de acuerdo con tu reflexión César. No le veo sentido a esta exhibición ingesta y contaminante.