MIENTRAS CEUTA AFRONTABA UNA CRISIS SIN PRECEDENTES, SÁNCHEZ DESCANSABA EN LA MARETA. SUS DIRIGENTES ASEGURAN QUE TRABAJABA DÍA Y NOCHE. LA PROPAGANDA HA VUELTO A ENCENDERSE.
Hubo una época en España en la que una luz encendida en una ventana de El Pardo bastaba para alimentar una leyenda. Se decía que, mientras los españoles dormían, Franco permanecía despierto, trabajando sin descanso por la patria. La «lucecita del Pardo» se convirtió así en uno de los grandes símbolos de la propaganda franquista: el Caudillo podía descansar poco porque España no le daba tregua. El mito tenía incluso una derivada pintoresca cuando algunos testimonios posteriores cuestionaron que aquella luz procediera siquiera del despacho de Franco y apuntaron a otras dependencias del palacio. La propaganda, sin embargo, ya había hecho su trabajo.
Ochenta años después, España parece asistir a una reedición del género, aunque con una diferencia fundamental: la lucecita ya no estaría en El Pardo, sino en La Mareta. Y tampoco hace falta verla. Basta con que nos lo cuenten.
Mientras Ceuta afrontaba la mayor crisis migratoria de su historia reciente, con una entrada masiva de decenas de miles de personas desde Marruecos y una ciudad sometida a una presión extraordinaria, Pedro Sánchez se instaló en la residencia de La Mareta, en Lanzarote, para disfrutar de sus vacaciones. El presidente llegó a la isla el 1 de agosto, cuando la crisis ya estaba en plena ebullición.
la lucecita ya no estaría en El Pardo, sino en La Mareta. Y tampoco hace falta verla. Basta con que nos lo cuenten
Hasta aquí, podría argumentarse que un presidente tiene derecho a descansar. Naturalmente. El problema no es que Sánchez tenga vacaciones. El problema es la distancia entre la gravedad de la crisis y la imagen que proyecta el presidente del Gobierno mientras esa crisis sigue abierta.
Porque Ceuta no necesitaba en aquel momento una postal de Lanzarote. Necesitaba Gobierno. Y ahora llega lo verdaderamente extraordinario: ante las críticas, algunos dirigentes socialistas han salido a explicar que Sánchez, aunque estuviera a miles de kilómetros, «no ha descansado», que ha estado «día y noche trabajando» para resolver la crisis. He aquí la nueva lucecita.
La diferencia es que Franco tenía una ventana iluminada en El Pardo y Sánchez tiene, al parecer, una conexión a distancia desde La Mareta. Antes había que imaginar al Caudillo inclinado sobre los papeles hasta altas horas de la madrugada. Ahora debemos imaginar al presidente en una residencia oficial de Lanzarote, entre vacaciones y vacaciones, entregado a una frenética actividad gubernamental cuya eficacia resulta difícil de conciliar con los hechos y a la que hay que sumar las recomendaciones de playlist y libros que difícilmente habrá leído con tanto frenesí productivo. Porque si Sánchez estuvo realmente día y noche trabajando para solucionar la crisis de Ceuta, habría que preguntar por los resultados de semejante jornada laboral. Veintiséis días después de la entrada masiva, el Gobierno seguía teniendo que crear un mando único y celebrar la primera reunión del Consejo de Seguridad Nacional específicamente dedicada a la crisis.
Eso no parece precisamente el desenlace de una presidencia que hubiera estado trabajando «día y noche». Más bien parece la prueba de que alguien ha confundido actividad con eficacia, teletrabajo con liderazgo y propaganda con Gobierno.
La comparación con Franco resulta inevitable, además, por otra razón. Antonio Elorza, catedrático emérito de Ciencia Política y una de las voces intelectuales más severas con Pedro Sánchez desde posiciones tradicionalmente vinculadas a la izquierda, ha llegado a describir al presidente en términos extraordinariamente duros y ha publicado Pedro Sánchez o la pasión por sí mismo. Anatomía de un dictador.
la comparación con Franco resulta inevitable
No hace falta compartir todas las conclusiones de Elorza para advertir una paradoja inquietante: cuando un Gobierno empieza a necesitar una leyenda sobre la abnegación personal de su líder para justificar su ausencia física durante una crisis nacional, algo empieza a parecerse demasiado a la política entendida como culto a la personalidad.
La «lucecita de La Mareta» sería, en ese sentido, la versión posmoderna de la vieja lucecita del Pardo. Ya no se trata de convencer al ciudadano de que el gobernante trabaja hasta la madrugada porque se divisa una ventana iluminada. Ahora se nos pide creer que trabaja sin descanso porque lo dicen sus portavoces. Pero hay una diferencia decisiva. La lucecita de El Pardo pertenecía a una dictadura que fabricaba propaganda. La lucecita de La Mareta pertenece a una democracia que debería fabricar resultados.
la «lucecita de La Mareta» sería, en ese sentido, la versión posmoderna de la vieja lucecita del Pardo
Y en Ceuta, casi un mes después de la crisis, el Gobierno ha tenido que rectificar, crear un mando único y anunciar nuevas medidas para intentar recuperar el control de una situación que seguía sin estar resuelta. Medidas que desdeñó en el momento en que debió adoptarlas y que ahora llegan muy tarde, cuando el daño ya está hecho parece irreversible.
Quizá Sánchez trabajó mucho desde Lanzarote. Quizá estuvo realmente pegado al teléfono. Quizá no durmió una sola noche. Pero gobernar no consiste en que el presidente pueda demostrar que estuvo ocupado. Consiste en que los ciudadanos puedan comprobar que el Gobierno estuvo a la altura. Y en Ceuta, mientras algunos intentan encender la lucecita de La Mareta, sólo existen sombras.







