FIGURA CLAVE EN LA HISTORIA RECIENTE DE LA ALHAMBRA Y GRANADA, LEOPOLDO TORRES BALBÁS REVOLUCIONÓ LA FORMA DE ENTENDER LA CONSERVACIÓN PATRIMONIAL EN ESPAÑA. SU LABOR AL FRENTE DEL CONJUNTO MONUMENTAL ENTRE 1923 Y 1936 MARCÓ UN ANTES Y UN DESPUÉS EN LA TUTELA DEL MONUMENTO Y EN LA CULTURA URBANÍSTICA DE LA CIUDAD. SU LEGADO —INTELECTUAL, TÉCNICO Y ÉTICO— SIGUE VIVO EN CADA RINCÓN RESTAURADO CON RIGOR Y RESPETO.
El arquitecto que cambió el destino de la Alhambra
A lo largo de muchos de los capítulos recogidos en el libro curiosidades y cosas de nuestra tierra, Miscelánea de Granada, apartados con los que se recorren muchos de los episodios que proclaman los tesoros de la Alhambra y el Generalife a nivel divulgativo para granadinos y visitantes, así como algunos episodios historias, personajes y sucesos que han marcado su devenir, se concluye la importancia decisiva que para el monumento tuvo la llegada de Leopoldo Torres Balbás. Una conciencia que se detalla en la obra de Carlos Vílchez Vílchez, acaso el mejor conocedor de la figura del insigne arquitecto.
La conservación del monumento, sin embargo, no ha sido fruto del azar ni de milagros sucesivos, sino de la dedicación —a veces discutida, siempre decisiva— de quienes ostentaron el deseado cargo de Conservadores de la Alhambra y el Generalife. Es más una cuestión metodológica como destaca la exposición “La Alhambra Planificada”, comisariada por el arquitecto Pedro Salmerón Escobar.
Desde Rafael Contreras en el siglo XIX otros nombres que le sucedieron como Mariano Contreras, Modesto Cendoya, Francisco Prieto Moreno, Fidel Fernández Martínez, Antonio Gallego Morell, Mateo Revilla Uceda o María del Mar Villafranca, han pasado por la responsabilidad de velar por el conjunto. Pero ninguno dejó una huella tan profunda en la tutela patrimonial de la Alhambra y, por extensión “provocada”, en buena parte de la ciudad como Leopoldo Torres Balbás, cuya figura merece ser reivindicada debidamente.
desde Rafael Contreras en el siglo XIX otros nombres que le sucedieron… han pasado por la responsabilidad de velar por el conjunto
Formación de un humanista del patrimonio
Leopoldo Torres Balbás nació en Madrid el 23 de mayo de 1888. Estudió bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros e ingresó en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid en 1910, graduándose en 1916. Paralelamente se formó en arqueología bajo la tutela de Manuel Gómez-Moreno en el Centro de Estudios Históricos, donde trabó amistad con figuras que serían decisivas en su trayectoria, como Javier Sánchez Cantón o Elías Tormo.
paralelamente se formó en arqueología bajo la tutela de Manuel Gómez-Moreno en el Centro de Estudios Históricos
La estrecha relación de su familia con la Institución Libre de Enseñanza (ILE) —por la amistad de su padre con Giner de los Ríos y por haber sido él mismo alumno de Cossío—, la ILE, marcó profundamente su visión del mundo: rigurosa, austera, científica y progresista. Esa impronta pedagógica y ética acompañaría toda su carrera.
El defensor del conservacionismo
Preocupado desde muy joven por el estado de los monumentos españoles, Torres Balbás pronto se alineó con la corriente conservacionista frente al restauracionismo estilístico que había dominado el siglo XIX bajo la influencia de Viollet-le-Duc. Desde la revista Arquitectura y otros foros profesionales se convirtió en uno de los grandes ideólogos del conservacionismo en España.
No fue un arquitecto prolífico en cuanto a obra nueva: apenas proyectó algunos colegios gracias a su relación con Antonio Flórez.
Su verdadera vocación era la reflexión, el análisis histórico y la intervención respetuosa sobre el patrimonio.
El gran arquitecto-conservador de la Alhambra
Su etapa más brillante comenzó el 14 de abril de 1923, cuando fue nombrado Arquitecto-Conservador de la Alhambra y el Generalife, cargo del que tomó posesión tres días después tras el polémico cese de Modesto Cendoya. Durante trece años, hasta su destitución en agosto de 1936 por la autoridad militar —aunque algunos sostienen que renunció—, Torres Balbás transformó de forma decisiva el monumento.
El aspecto actual de la Alhambra deriva en gran medida de sus criterios, sus actuaciones concretas y las líneas maestras que estableció. Así lo reconocieron historiadores como Luis Seco de Lucena y Jesús Bermúdez Pareja. Fue, en esencia, el arquitecto que devolvió a la Alhambra su autenticidad.


Investigación, docencia y proyección nacional
Paralelamente a su labor en Granada, obtuvo en 1926 una beca para estudiar en Italia los métodos más avanzados de restauración. En 1929 fue nombrado arquitecto de la Sexta Zona de Monumentos del Tesoro Artístico, que abarcaba toda Andalucía oriental, Murcia, Albacete y Alicante. Ese mismo año diseñó el pabellón de Granada para la Exposición Iberoamericana de Sevilla.
En 1931 ganó la cátedra de Historia de la Arquitectura y de las Artes Plásticas en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, consolidándose como una referencia intelectual en España.
diseñó el pabellón de Granada para la Exposición Iberoamericana de Sevilla
Su intensa actividad investigadora lo situó en el centro de la más brillante generación granadina del siglo XX: García Gómez, Gallego Burín, Manuel de Falla, Fernando de los Ríos, Emilio Orozco, Federico García Lorca… Aquella constelación de talento se reunía en la célebre Tertulia de la Casa de los Tiros, un crisol de ideas que marcó la vida cultural de la ciudad.
Un legado que Granada sigue respirando
Tras su cese en 1936 y hasta su muerte, Torres Balbás continuó desarrollando una fecunda labor docente, investigadora e incluso proyectual.
Su influencia se dejó sentir en la evolución de Granada, frenando tendencias destructivas y abriendo paso a una sensibilidad patrimonial moderna.
Murió en Granada el 21 de noviembre de 1960, víctima de un derrame cerebral tras haber sido atropellado días antes por una motocicleta.
Su legado, sin embargo, permanece intacto: cada muro consolidado, cada espacio recuperado sin artificio y cada decisión tomada con rigor científico lleva su huella.
Granada debe a Torres Balbás más de lo que muchas veces se le reconoce
Cierto es que, se aborde su figura como se aborde, Granada debe a Torres Balbás más de lo que muchas veces se le reconoce, aunque por fortuna iniciativas cada vez más variadas, como ahora supone la exposición de La Alhambra Planificada, reconocen la tradición de la tutela sobre el monumento que realmente se configuró con la presencia de nuestro personaje, cuya sombra, alargada continúa protegiéndola. Porque con él, triunfó el conservacionismo.
Granada le debe a Torres Balbás en buena parte la Alhambra que conocemos.
En el Patio de los Leones sustituyó unas cupulillas semiesféricas por los tejadillos actuales, lo cual suscitó críticas de algunos sectores. Manuel de Falla medió ante ellas.
Creó la nueva entrada a la Casa Real y reestructuró el Partal y sus jardines según las tradiciones andalusí y clásica.
Restauró el patio del Mexuar y el de la Alberca.
Además participó en la adquisición y restauración de los conocidos espacios del Bañuelo, Corral del Carbón, Casa del Chapiz, Daralhorra, Casa de los Girones, etc.











