Política en Granada y Andalucía

Y LLEGÓ OTRO CORPUS SIN CORPUS

Pareciera que en Granada no ha sido Corpus Christi, porque, otro año más, la fiesta…

Pilar Bensusan

Pareciera que en Granada no ha sido Corpus Christi, porque, otro año más, la fiesta grande de los granadinos ha pasado por Granada sin pena ni gloria.

Nuestro centro histórico, escenario de una celebración desbordante y única durante siglos, ha estado desnudo: un par de columpios en Bib-Rambla, las carocas, la Tarasca y, por supuesto, la procesión católica, pero, por lo demás, ha sido una fiesta ajena: ni iluminación festiva para los días grandes, altares súper efímeros y poco más.

el Corpus granadino se ha convertido en una réplica de lo sevillano-andaluz: casetas, sevillanas y faralaes

Y es que toda la fiesta está ya íntegramente a Almanjáyar -menuda fiesta de barrio tienen-, donde está tras una polémica decisión de hace 44 años, y, por lo visto, son los caseteros los que han impuesto que no haya ninguna fiesta en el centro y eso no puede ser, porque no a todos los granadinos nos gusta el modelo festivo importado e impuesto en 1982 por un concejal de UCD que volvió deslumbrado de la feria de Sevilla y convirtió el Corpus granadino en una réplica de lo sevillano-andaluz: casetas, sevillanas y faralaes. Lamentable y nada que ver con la idiosincrasia de nuestra histórica celebración, con personalidad propia y más de cinco siglos de arraigo. Pero el Ayuntamiento, en vez de potenciar nuestras propias tradiciones, consiente y alimenta el estilo sevillano en nuestra fiesta, a imitación de la feria de abril.

Granada atesora una riqueza folclórica extraordinaria y no merece este olvido ni la imposición sevillano-festiva: hay fandangos desde la Alpujarra a Almuñécar, seguidillas en el Altiplano y zambras en el Sacromonte, con la Alboreá o la Cachucha. Y qué decir del popular baile de la Reja, ese “Quiero vivir en Graná” cuyo famoso estribillo ya casi nadie recuerda. No imagino a catalanes o mañicos renunciando a sardanas y jotas. Nuestra Reja es tan meritoria como ellas y merece ser Patrimonio Cultural Inmaterial.

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Las cofradías hacen su esfuerzo con arquitecturas efímeras espléndidas, cada vez más fugaces por mandato local, y el arzobispado ha recuperado los seises, pero la fiesta en la calle ha desaparecido. Si nuestro consistorio sintiera verdaderamente a Granada haría lo contrario de lo que lleva haciendo 44 años y no restringiría tanto las expresiones festivas en el centro y barrios, reconduciéndolo todo al sevillanismo que inunda ese ferial de barrio.

O recuperamos nuestro auténtico Corpus para Granada o desaparecerá. Por ahora: otro Corpus sin Corpus…

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