Crítica y reflexión sobre nuestro aislamiento ferroviario
EL ACCIDENTE EN ADAMUZ REVELA LA FRAGILIDAD FERROVIARIA DEL SUR DE ESPAÑA Y EL ABANDONO HISTÓRICO DE GRANADA, HOY DEPENDIENTE DE UNA SOLA SALIDA Y DE UNA LÍNEA OLVIDADA QUE EXIGE CAMBIOS RADICALES YA.

Hay accidentes que son, además de tragedias humanas, radiografías brutales de un sistema. El terrible siniestro ocurrido en Adamuz, en la provincia de Córdoba, en el que se vieron implicados un tren de Iryo y un Alvia, ha vuelto a mostrar con crudeza una realidad que en Granada conocemos demasiado bien: basta un solo corte en un punto estratégico para que media Andalucía, y muy especialmente nuestra provincia, quede prácticamente aislada.
En vía muerta
Lo ocurrido no es un simple episodio coyuntural. Es la consecuencia directa de décadas de planificación deficiente, de una red ferroviaria frágil, mal mallada y escasamente redundante. Cuando una infraestructura moderna falla —porque puede fallar, como todo sistema humano—, descubrimos que no existen rutas alternativas dignas de tal nombre. Y entonces emerge la verdad incómoda: Granada sigue siendo un fondo de saco ferroviario.
Lo ocurrido no es un simple episodio coyuntural. Es la consecuencia directa de décadas de planificación deficiente
Hoy, tras el accidente de Adamuz, la línea AVE hacia Sevilla y Málaga queda lógicamente cortada. ¿Qué le queda a Granada? Apenas dos salidas teóricas: el AVE hacia Madrid por Antequera, y la antigua línea convencional hacia Madrid por Jaén. La primera es un cuello de botella inevitable. La segunda, una línea históricamente abandonada, infrautilizada, mal mantenida, que durante años se ha intentado desmantelar de forma más o menos explícita. Y, paradójicamente, ahora es esa vía olvidada la que se convierte en el único hilo ferroviario que mantiene a Granada conectada con Madrid y de algún modo con el Levante.

Esta situación no es digna de una provincia de casi un millón de habitantes, con una capital universitaria, turística y administrativa de primer nivel. No hay derecho a que Granada dependa de una única salida de alta velocidad y de una línea convencional degradada, como si se tratara de una estación término periférica ―aunque real y lamentablemente lo es―, y no de un nodo que debería ser estratégico en el sur peninsular.
No hay derecho a que Granada dependa de una única salida de alta velocidad y de una línea convencional degradada
Esta situación no es digna de una provincia de casi un millón de habitantes, con una capital universitaria, turística y administrativa de primer nivel. No hay derecho a que Granada dependa de una única salida de alta velocidad y de una línea convencional degradada, como si se tratara de una estación término periférica ―aunque real y lamentablemente lo es―, y no de un nodo que debería ser estratégico en el sur peninsular.
Conviene recordarlo: Granada fue durante años la gran damnificada de la llegada del AVE. Sufrimos un aislamiento prolongado ―llegó 27 años después de que lo hiciera a Sevilla―, obras interminables, promesas incumplidas y una reinauguración tardía que no vino acompañada de una verdadera integración en una red mallada y resiliente. Se apostó por una solución mínima: una única entrada y una única y misma salida, de una única vía. Y hoy pagamos ese diseño pobre.
Lo sucedido en Adamuz demuestra que toda Andalucía carece de una red ferroviaria robusta
Pero no todo puede reducirse a la queja, por legítima que sea. Este nuevo episodio debe invitarnos también a una reflexión serena.
¿Hemos exigido como sociedad granadina al gobierno central y al de la comunidad autónoma en la que nos liaron hace más de cuatro décadas un modelo ferroviario coherente? ¿Hemos reclamado con suficiente firmeza una conexión transversal con el Levante, una verdadera modernización de la línea por Moreda y Linares, una salida natural hacia el sureste que nos vincule
Desmantelar líneas históricas es una temeridad estratégica. Son esas líneas, despreciadas durante años, las que hoy salvan situaciones críticas
Lee más sobre opinión política en HG.





