IDENTIDAD Y MENTIRAS

EL ADOCTRINAMIENTO EDUCATIVO SUFRIDO AQUÍ DURANTE 42 AÑOS —INCULCÁNDOSE A LOS ESCOLARES DESDE LA MÁS TIERNA INFANCIA QUE ANDALUCÍA ES SU NACIÓN Y SU PADRE EL SEPARATISTA BLAS INFANTE— SOLO HA CONDUCIDO A LA CONSTRUCCIÓN DE LA ENORME MENTIRA QUE ES LA GRAN ANDALUCÍA

PILAR BENSUSAN
CATEDRÁTICO

Podríamos pensar que Javier de Burgos, conocedor -como buen motrileño- de la idiosincrasia granadina, fue un vehemente opositor a ésta, y que fue ésta la razón por la que él mismo propusiera a la regente María Cristina, la madre de Isabel II, con su Decreto de 30 de noviembre de 1833, la unión de la región granadina y de sus provincias, con las provincias que integraban la Andalucía. Unión que consideraba un logro de los ideales afrancesados que él profesaba.

Y es que hasta que, en 1833, con su división interesada, él y María Cristina, acabaran con el centenario reino de Granada, en los documentos oficiales, como no podía ser de otro modo, se diferenciaba entre Granada y Andalucía. Incluso en la Administración militar, judicial, universitaria y eclesiástica Granada siempre ha sido el centro administrativo en relación a Almería, Málaga y, también, Jaén, cuyo origen remoto se encuentra en el Reino nazarí de Granada.

Es más, en 1492 los Reyes Católicos instauraron el Reino de Granada, que duraría hasta ese triste 1833. Reino que hoy incluso perdura en el escudo de la bandera de España. Y es que Isabel y Fernando eran reyes de Aragón, de Castilla…, pero también de Granada, teniendo el mismo derecho que los otros reinos españoles a acceder a la autonomía con sujeción al artículo 143 de la Constitución.

Somos granadinos

Hoy, al igual que los valencianos no querrían ser aragoneses ni los asturianos castellanos, buena parte de los granadinos querría que se reconociera nuestra identidad regional, que sobrepasa el mero hecho histórico, llegando hasta la actualidad, siendo la historia de Andalucía Oriental paralela y distinta a la de la Andalucía sevillana, gaditana o cordobesa.
La singularidad granadina alcanza a todos los ámbitos, no nos identificamos con la extroversión, los bailes, la jarana, el folklore, o el acento sonoro de Andalucía Occidental, aquí ni se sesea, ni se cecea, nuestro acento es tan seco como el castellano, y sólo abrimos o cerramos vocales para distinguir el singular del plural. Además, hemos sido injustamente identificados con una vagancia sureña absolutamente inexistente en Granada.

Identidad histórica

Al igual que la UCD ya en su día apoyó la idiosincrasia granadina, quizás haya llegado el momento de reconocer sin complejos nuestra identidad histórica y nuestras costumbres, ya que los granadinos tenemos una personalidad enérgicamente marcada y diferenciada. Recordando a Francisco Seco de Lucena, sus palabras cobran una inusitada actualidad cuando decía, allá por 1898, que:

“La verdadera causa de nuestra decadencia sólo debe ser atribuida a la falta de amor al país nativo y a las cosas de la tierra (…) La centralización ha matado las energías regionales (…) Los grandes males del centralismo son los Ministros, los diputados cuneros, que no encuentran en el mapa sus distritos y los caciques”.

El abandono actual frente al despegue inalcanzable de Sevilla y Málaga, nos demuestra que nada ha cambiado en más de un siglo, y que seguimos postrados en el olvido del centralismo otrora madrileño y ahora sevillano.
Despojados de casi todos nuestros derechos y privilegios históricos, tenemos legitimidad para reivindicar ese influyente y prestigioso pasado, pero también un presente y un futuro mejor y más acorde con el siglo XXI para nuestros habitantes, a la vista de la inoperancia administrativa y política de esta Comunidad Autónoma durante 42 años en un territorio casi tan extenso como Portugal (Andalucía: 87.268 km2 y Portugal: 92.090 km2). Es el momento de reclamar nuestra identidad regional en consonancia con nuestra historia y realidad diferenciada. No es más de lo que se les ha dado como derecho natural al resto de regiones de España. Lo contrario es una injusticia territorial… la que ahora padecemos…

Mentiras

Ahora que hemos constatado lo que supone haber asistido con los brazos cruzados a la aculturación política y al feroz fruto derivado del adoctrinamiento independentista catalán desde hace cuatro décadas, es momento de hacer público, no ya el adoctrinamiento educativo sufrido aquí durante los mismos 42 años -inculcándose a los escolares desde la más tierna infancia que Andalucía es su Nación y su padre el separatista Blas Infante-, sino también el adoctrinamiento en una estructura falsaria construida por el andalucismo enquistado en el poder para mantener el engaño de la existencia inmemorial de su Andalucía y mantener sus sillones políticos.


El adoctrinamiento, en la gran mentira, parte de una premisa escandalosamente falsa: Que se aprobase en referéndum la iniciativa para crear la Comunidad Autónoma andaluza. Sólo hay que mirar el BOE nº 115, de 13-5-1980 (pág. 10.346) para comprobar que en dicho referéndum por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto fue rechazada la ratificación de dicha iniciativa autonómica prevista en el artículo 151.1 de la Constitución Española, ya que en Almería sólo se alcanzó un 42,31% de síes (necesitándose más de un 50%) para la creación de la gran Andalucía, frente al 57,69% de noes y papeletas en blanco.

Pero hubo que añadir más mentiras para consumar la mentira suprema de Andalucía. Y nuevamente sólo hay que mirar el BOE nº 308, de 24-12-1980 (pág. 28.373) para comprobar que se dictó una Ley Orgánica para anular la voluntad popular soberana de quienes mayoritariamente habían rechazado la creación de la autonomía andaluza, la Ley Orgánica 13/1980, de 16 de diciembre, de sustitución en la provincia de Almería de la iniciativa autonómica, cuyo artículo único confirma el pucherazo antidemocrático:

“las Cortes Generales (…) declaran sustituida en esta provincia la iniciativa autonómica con objeto de que se incorpore al proceso autonómico de las otras provincias andaluzas”.

Increíble pero cierto… tanto como que, impugnadas las votaciones en Granada, Almería y Jaén, se dieron por buenos en la bochornosa sentencia de 12-4-1980 de la Audiencia Territorial de Granada los votos de jiennenses muertos, incapaces y sobres con 2 y 3 papeletas. Así de “democráticamente” comenzaba esta artificial autonomía que sólo nos ha traído desigualdad territorial y el olvido más infame.


Mentiras supremas sucedidas por muchas más para seguir abonando el mito de Andalucía, a la que nunca ha pertenecido la Región de Granada. Y no es nostalgia nazarí, es realidad pura desde 1238 hasta la gran mentira de 1980.

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Pilar Bensusan

Catedrático de Administrativo

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