Entrevista

ENTREVISTA A OLIVIA VICENTE: ANATOMÍA DE LA IMAGEN

Olivia Vicente es filóloga, profesora y locutora. Sus textos han aparecido en revistas y antologías…

Fuentenebro

Olivia Vicente es filóloga, profesora y locutora. Sus textos han aparecido en revistas y antologías como “Letralia” (2008, 2010, 2011, 2012), “Pan de Trigo” (2009), “Narrativas” (2009, 2010, 2011), “Cuaderno de Profesores Poetas” (2010, 2016), “Amor con humor se paga” (2017), “Latidos de tango” (2018), “Contracubierta” (2025), entre otros. En 2021 publicó su primera novela, “Donde ya no hay adiós”. Codirige y presenta, junto a Gustavo Di Biase, el programa cultural “Luna Roja”. También ha colaborado en diferentes emisoras nacionales y argentinas.

Con motivo de la presentación de su ensayo sobre fotografía “Anatomía de la imagen” (2025) en Granada, GARNATA HORIZONTE entrevista a:

Olivia Vicente

¿Cómo, dónde y cuándo comenzó a escribir “Anatomía de la imagen”?

La escritura siempre me ha parecido un misterio. De dónde surge la pulsión de escribir, por qué sobre una idea y no acerca de otra, son preguntas a las que no sé contestar. Tal vez después, una vez terminado y publicado el texto, sea capaz de encontrar la forma de reconstruir una genealogía de los motivos.

Cuando escribí las primeras líneas de “Anatomía de la imagen” en Rafael Calzada, una localidad del conurbano bonaerense, aún no había planificado nada. Llevaba meses, años, leyendo sobre fotografía e identidad y, al igual que otras ocasiones en las que viajé a Argentina, me asaltó la necesidad de poner orden en mis pensamientos y anotaciones. En casa, encima de la mesa del comedor, mientras en el televisor zumbaban anuncios, noticias o algún concurso, empecé a escribir lo que sería parte de los capítulos 1 y 4, «Dandis y muñecas» y «Soy mi propio experimento», respectivamente.

la escritura siempre me ha parecido un misterio

olivia vicente, anatomía de la imagen

El contenido salió a borbotones, con escasa estructura y mucha fiebre; pero esas páginas iniciales me sirvieron para entender que no eran suficientes, que entre Claude Cahun, Zanele Muholi y Olatz Vázquez había unos vínculos que iban más allá de sus posturas estéticas y militantes. Entre ellas se establecía un diálogo que se remontaba a la primera fotografía, tomada en 1826 por Joseph Nicéphore Niépce en Le Grass. Y yo, imitando al padre de la fotografía que se situó en la ventana de la casa rural de sus padres, quise observar a través de mis ojos, de mi escritura, esas conexiones. Así fue cómo escribí en el verano de 2022 —para Buenos Aires, invierno— las páginas iniciales del borrador.

¿Cuál fue su motivación para escribir este ensayo sobre fotografía?

Olivia Vicente. Fotos Isabel Wagemann

Las obras literarias son, en realidad, un reflejo de las motivaciones que anidan en la infancia, cuando empezamos a ser conscientes de que la realidad se alimenta de la historia que nos narramos y narramos a quienes nos rodean. Cuando era niña pasaba las tardes leyendo, escribiendo y jugando con mis hermanos. Los veranos olían a campo. Los pasábamos en una casa que tenían mis abuelos a escasos metros del río Tera. Nos encantaba zambullirnos en sus aguas heladas. El paraje, que me recuerda tanto a las descripciones de las riberas del Tajo que hiciera Garcilaso de la Vega en sus églogas, era y es perfecto para pintar. Mi padre, mi hermana y su padrino desplegaban el caballete o abrían el cuaderno para detener la corriente con pinceles y pinturas. Incapaz de imitarlos, me dedicaba a mirar, a fotografiarlos sin cámara desde atrás.

las obras literarias son un reflejo de las motivaciones de la infancia

“Anatomía de la imagen” y mi interés por observar, por preguntarme constantemente quién soy, nacieron esos días de la niñez.

Al menos, es lo que me relato ahora, cuando indago en los porqués y he alcanzado una edad en la que me interpela la necesidad de recapitular, de cerrar etapas del pasado.

he alcanzado una edad en la que necesito cerrar etapas del pasado 

¿Qué representan para usted las viejas fotos que todos guardamos en casa?

La fotografía, y en concreto los álbumes de fotos —en forma de cuaderno, caja o galería en portarretratos—, nos invita a reflexionar en silencio acerca de la imagen y a preguntarnos quiénes fuimos frente a quiénes somos en el momento en el que nos paramos a mirar.

El papel, su materialidad, tiene tal carácter evocador que nos impulsa a través del tacto hacia una respuesta emocional perturbadora. Siempre que cojo una fotografía de mis padres, mis hermanos, mis abuelos, de otros parientes o, incluso, mía, he experimentado una agitación. A pesar de sostener su retrato entre los dedos, eran ellos, o yo misma, los que desde el pasado me contemplaban. Y esa incomodidad, esa sacudida, es la que me interesa de la fotografía, de la literatura, del arte en general.

los álbumes de fotos nos preguntan quiénes fuimos frente a quiénes somos

siempre que cojo una fotografía he experimentado una agitación

¿Cómo describiría a los lectores de GARNATA HORIZONTE su ensayo “Anatomía de la imagen”?

“Anatomía de la imagen” es una indagación, un deambular tras las respuestas de cinco interrogantes que me desasosiegan: ¿quiénes somos?, ¿qué es la belleza?, ¿cómo nos perciben y cómo percibimos a los otros?, ¿qué papel juega la enfermedad en la creación artística? y ¿cómo representamos la muerte, el duelo? En todas estas preguntas subyace la materia central: el cuerpo. Nuestro cuerpo —y aquí hablo en femenino— ha sido representado en el arte a través de la perspectiva masculina y, cómo no, de la femenina y, sin embargo, la Historia ha olvidado y ha negado el papel decisivo de artistas, pensadoras y escritoras en la cimentación de referentes. Como consecuencia de este borrado, la cultura no es universal.

Olivia Vicente con Virtudes Olvera en Tremenda Librería durante la presentación

“Anatomía de la imagen” es la respuesta de los interrogantes que me desasosiegan


Con este ensayo, y gracias a la complicidad de la editorial Tres Hermanas, he pretendido devolverles un espacio que se han ganado sobradamente. Pero también he querido agradecerles. Sin la lectura de “La enfermedad y sus metáforas”, “Ante el dolor de los demás” o “Sobre la fotografía” de Susan Sontag, este libro no existiría. “Anatomía de la imagen” es un homenaje a su agudeza, capaz de descifrar el poder que ejercen las fotografías a la hora de construirnos como individuos y sociedad.

¿Es posible que este ensayo y sus indagaciones acerca de la imagen sean hoy, en un mundo digital, más necesarios que ayer?

Hoy más que nunca es imprescindible hablar de imágenes. En 2024 hicimos 61.400 fotos por segundo, es decir, 5.300 millones de fotos al día en todo el mundo. Muchas de ellas terminan expuestas en redes sociales sin detenernos a pensar en las consecuencias para nuestra salud mental. Aunque en España la edad legal para usar las redes sociales es de 14 años —recientemente se ha cambiado a 16—, muchos niños y niñas acceden por primera vez a estos contenidos sin cumplir este requisito mediante las cuentas de sus padres o cuentas que abren con datos falsos.

En el caso de las menores, las aplicaciones les ofrecen vídeos con rutinas de belleza aplicadas en modelos acompañadas por sus hijas o por niñas que interpretan este rol. Ni las niñas ni las adolescentes necesitan tratamientos para la belleza de sus pieles, pero el algoritmo las bombardea proponiéndoles geles, lociones, cremas que agreden su autoestima. Igualmente dañinas son las publicaciones de “influencers” que, sin titulación en disciplinas médicas, demonizan el agua, porque «no hidrata», o alimentos como la harina, la leche o los plátanos, porque «enferman» o «engordan».

¿Cómo reacciona su ensayo ante esta encrucijada de imagen, publicidad y salud?

Todas estas publicidades engañosas se sustentan en formatos breves y atractivos para atacar a los colectivos más débiles: la infancia y la adolescencia. Juegan con su autoestima. Juegan con su salud porque únicamente les interesa lucrarse. En España existen unas 400.000 personas con trastornos de conducta alimentaria (TCA), de las cuales un 75 por ciento son adolescentes. 9 de cada 10 personas con TCA son mujeres que sienten el juicio sobre sus cuerpos demasiado pronto, a los ocho, nueve, diez, once o doce años. Ese juicio no se desvanece con el paso del tiempo, se queda grabado, se nos queda grabado. Intentamos vivir, intento vivir con él. Como dijeron Theodor Adorno y Max Horkheimer, «El odio-amor hacia el cuerpo tiñe toda la civilización moderna».

Una manera de enfrentar el veredicto social ha consistido en escribir los cinco capítulos de Anatomía de la imagen. «Dandis y muñecas», «No está mal ser bella», «Los repuestos del faraón», «Soy mi propio experimento» y «Memento mori» plantean reflexiones y reacciones a las preguntas que he anunciado antes.

las mujeres sienten el juicio sobre sus cuerpos en la infancia y ese juicio se queda grabado

Olivia Vicente con Virtudes Olvera en Tremenda Librería durante la presentación

¿Cuáles son sus referentes en fotografía, sus fotógrafos y fotógrafas de cabecera?

Durante el camino de la escritura, laberíntico por sus encrucijadas, fui ayudándome de lecturas. Además de Susan Sontag, leí con pasión “La cámara lúcida” de Roland Barthes, “La obra de arte en la época de su reproducción mecánica” de Walter Benjamin, “Modos de ver” de John Berger, “La mujer que escribió Frankenstein” de Esther Cross, “El beso de Judas” de Joan Fontcuberta, “La certeza vulnerable” editado por David Pérez y “Una carta sin pedirla. Correspondencia 1912-1941” de Virginia Woolf, por mencionar algunos títulos. Aprendí, además, de la observación de las series fotográficas de Julia Margaret Cameron, Claude Cahun y Marcel Moore, Lisette Model, Diane Arbus, Gabriela Liffschitz, Olatz Vázquez, Ximena Hinzpeter, Zanele Muholi, Annie Leibovitz o Cristina García Rodero, que en 2025 volvió a publicar y exponer “España oculta”.

¿Qué ha aprendido de ellas documentándose y escribiendo este libro?

Todas ellas me han enseñado una manera diferente de mirar, claro está, pero también de representar su cuerpo y el cuerpo de otras mujeres. Adoptando riesgos, superando limitaciones, han creado narrativas que enriquecen el arte, el activismo, el pensamiento, para erigir una auténtica Historia universal. Apoyándome en sus trabajos, me di cuenta de que no podría abordar el carácter íntimo y político del cuerpo si no compartía sus mismos riesgos, si no hablaba de mis limitaciones, de mis luchas internas, de mis contradicciones. Me di cuenta de que no existe escritura sin vulnerabilidad: «Porque en la pérdida, en la amenaza de que algo se va a romper o en la constatación de que ya se rompió, escribo, fotografío» (Anatomía de la imagen, página 168). Aprendí a mirarme, a desnudarme, a leerme. Aprendí a aceptar quién soy.

aprendí a mirarme, a desnudarme, a leerme, a aceptar quién soy

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