FEMINISMO, IZQUIERDA Y LA PARADOJA DE LA INCOHERENCIA HISTÓRICA




EL DEBATE SOBRE EL FEMINISMO VUELVE A EVIDENCIAR PROFUNDAS CONTRADICCIONES EN LA IZQUIERDA ESPAÑOLA, ATRAPADA ENTRE LA DEFENSA DE LA IGUALDAD REAL Y UN MULTICULTURALISMO QUE, SEGÚN SUS CRÍTICOS, RELATIVIZA DERECHOS FUNDAMENTALES. AL HILO DEL MISMO, NUESTRA COLABORADORA LOLA RÍOS HACE UNA INTERESANTE REFLEXIÓN SOBRE LA DERIVA INSOSTENIBLE DEL DISCURSO AUTOPROCLAMADO PROGRESISTA.

La política española vuelve a situar el feminismo en el centro del debate público, pero no precisamente para fortalecerlo, sino para evidenciar una profunda contradicción ideológica en buena parte de las izquierdas. La reciente negativa a debatir o apoyar iniciativas destinadas a prohibir el burka —planteadas por el PP y VOX—, junto con el cierre de filas del PSOE en torno al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ante la investigación por presunta violación que afecta al DAO de la Policía Nacional nombrado bajo su responsabilidad, revelan una constante histórica: cuando los principios chocan con la conveniencia política, el feminismo queda subordinado.

Lo verdaderamente llamativo no es el episodio concreto, sino el patrón. Porque la relación entre izquierda y derechos de la mujer nunca ha sido tan lineal como hoy pretende presentarse.

Una memoria histórica incómoda

Conviene recordar que durante el siglo XIX amplios sectores de la izquierda europea —incluidos movimientos obreros y socialistas— se opusieron abiertamente al trabajo femenino. No lo hicieron por proteger a la mujer, sino por temor a la competencia laboral y a la reducción salarial masculina. La mujer trabajadora era vista como una amenaza económica, no como un sujeto de derechos.

La incoherencia alcanzó su punto culminante en España durante el debate del sufragio femenino en la Segunda República. Parte significativa de la izquierda rechazó el voto de la mujer al considerar que votaría influida por la Iglesia y por valores conservadores. Paradójicamente, quienes se proclamaban emancipadores negaban a millones de mujeres el derecho político fundamental que decían defender.

El feminismo no fue entonces patrimonio exclusivo de la izquierda; fue, más bien, una conquista frente a resistencias ideológicas de distinto signo.

la incoherencia alcanzó su punto culminante en España durante el debate del sufragio femenino en la Segunda República

La apropiación del feminismo en el siglo XX

Durante el siglo XX, la izquierda comprendió el enorme potencial movilizador del feminismo y lo incorporó progresivamente a su discurso político. Sin embargo, esa integración vino acompañada de una reinterpretación: la igualdad jurídica entre hombres y mujeres dejó paso a una visión cada vez más identitaria y colectiva del conflicto social.

El feminismo pasó de reivindicar igualdad ante la ley a convertirse en una herramienta de confrontación política permanente. La mujer dejó de ser individuo para convertirse en categoría ideológica.

El giro del siglo XXI: multiculturalismo frente a igualdad

Es en el siglo XXI donde la contradicción alcanza su máxima expresión. Sectores de la izquierda que históricamente defendieron el laicismo del Estado hoy se muestran extraordinariamente cautelosos —cuando no complacientes— ante prácticas culturales o religiosas que implican una evidente subordinación femenina.

El burka o el niqab no constituyen simplemente una prenda cultural inocua. Representan, en numerosos contextos, la invisibilización social de la mujer y la negación práctica de su igualdad en el espacio público. Defender su uso en nombre de la libertad religiosa supone ignorar una cuestión esencial: los derechos humanos son individuales e indisponibles, incluso frente a tradiciones culturales.

Resulta difícil comprender cómo quienes denuncian símbolos cristianos en espacios públicos por considerarlos incompatibles con el Estado laico muestran simultáneamente una tolerancia casi reverencial hacia símbolos religiosos que segregan sexualmente.

el burka o el niqab no constituyen simplemente una prenda cultural inocua. Representan, en numerosos contextos, la invisibilización social de la mujer

La izquierda que fue militantemente laicista parece haberse transformado en selectivamente anticristiana y sorprendentemente indulgente con expresiones del islam político más restrictivo. No por convicción feminista, sino por cálculo multicultural.

Feminismo

Responsabilidad política y feminismo selectivo

El reciente respaldo cerrado al ministro Marlaska ante la investigación que afecta al alto mando policial designado bajo su responsabilidad introduce otra paradoja. Durante años se ha sostenido que la responsabilidad política debía asumirse no sólo por acción directa, sino también por errores in eligendo o in vigilando. Hoy, ese principio parece relativizarse cuando afecta al propio espacio ideológico.

Si el feminismo aspira a ser creíble, no puede aplicarse de forma selectiva según la afiliación política del presunto responsable o del entorno institucional implicado.

si el feminismo aspira a ser creíble, no puede aplicarse de forma selectiva

El feminismo ante su encrucijada

El feminismo nació como una lucha universal por la igualdad entre hombres y mujeres. No contra una cultura concreta, ni al servicio de una ideología determinada, sino en defensa de la dignidad humana sin apellidos.

Cuando se justifica la desigualdad en nombre de la diversidad cultural, o se relativiza la responsabilidad política por afinidad partidista, el feminismo deja de ser emancipador para convertirse en instrumento.

Quizá por ello, la mujer verdaderamente feminista —y especialmente aquella que se identifica con valores progresistas— debería plantearse una pregunta incómoda: ¿se está defendiendo la igualdad real o simplemente una narrativa política que ha sustituido los derechos universales por alianzas coyunturales? Porque las prendas que borran a la mujer del espacio público no sólo afectan a su libertad individual; cuestionan el fundamento mismo de los derechos humanos. Y ningún proyecto político que aspire a la igualdad puede permitirse ignorarlo.

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Lola Rios

Loli Rios es sociólogo. Nació lejos, pero tiene una observación certera de los problemas de aquí. Dedica su tiempo a los demás, a leer y a estudiar. Es lo que más le motiva.

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