GRANADA VUELVE A VOLAR HACIA EUROPA: LA CONEXIÓN CON NANTES DEBE MARCAR UN NUEVO DESPEGUE PARA EL AEROPUERTO FEDERICO GARCÍA LORCA
Granada necesita volar más alto
La recuperación de la conexión aérea entre Granada y Nantes, que operará la compañía Volotea, es una magnífica noticia. No solo porque devuelve a los granadinos una puerta directa al oeste de Francia, sino porque simboliza algo más profundo: el reconocimiento de que Granada merece estar conectada con el mundo.
Durante demasiado tiempo, el aeropuerto Federico García Lorca ha vivido por debajo de las posibilidades que ofrece una provincia como la nuestra. Un territorio con el peso histórico, cultural y universitario de Granada no puede resignarse a depender de conexiones escasas o temporales.
La vuelta del vuelo con Nantes es, sin duda, un acierto; pero también debería servir como punto de partida para una reflexión más amplia sobre el papel del aeropuerto en el desarrollo futuro de la provincia.
Granada no es una ciudad cualquiera. Es una marca universal, un nombre que despierta admiración desde América hasta el norte de Europa. Su patrimonio —con la Alhambra como emblema—, su universidad, su oferta
científica y cultural, y su posición geográfica privilegiada la convierten en un auténtico puente entre mundos. Aquí se cruzan Europa y el Mediterráneo, el mundo árabe y el hispanoamericano, la tradición y la modernidad. Y un puente, por definición, necesita caminos que lo recorran.
Granada no es una ciudad cualquiera. Es una marca universal
Por eso, resulta esencial que el aeropuerto crezca. Que Granada disponga de más vuelos directos con todos los destinos peninsulares principales —Bilbao, Valencia o Santiago, Lisboa, Oporto… además de los que ya tiene y que debería mejorar en intensidad y frecuencia—, y con grandes centros europeos como Roma, Ámsterdam, Berlín o Bruselas, con algunos de los cuales ya los tiene y funcionan. No se trata de un lujo, sino de una necesidad estratégica. Sin conexiones aéreas sólidas, Granada pierde competitividad, pierde oportunidades y se aleja de su propio potencial.
Cada nueva ruta es una inversión en futuro.
Es turismo de calidad, sí, pero también es empleo, investigación, relaciones empresariales y presencia internacional. Las ciudades que avanzan no lo hacen solo con monumentos, sino con movilidad.
Por eso, la conexión con Nantes debe celebrarse —como se celebra el regreso de un amigo que nunca debió marcharse—, pero también debe servir de impulso. Granada tiene que dejar de ser un lugar apartado o una simple escala -que ni eso- y convertirse en destino firme e incuestionable. Y para eso, necesita alas.
Granada debe convertirse en destino firme e incuestionable. Y para eso, necesita alas.





