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Cultura

HUBO UNA VEZ UN CUENTO

A principios del presente siglo el relato literario vivió una época de esplendor en todo…

MA Caliz

A principios del presente siglo el relato literario vivió una época de esplendor en todo el país, especialmente en Madrid, pero también en algunas ciudades como Granada.

Varias circunstancias contribuyeron a este fenómeno, la primera la aparición en nuestra ciudad de editoriales que abrieron colecciones específicas de relato (no cuentos sueltos, ni antologías sin criterio, ni volúmenes esporádicos).

El auge del relato literario en Granada: historia de un género

Si en Madrid surgían editoriales como Páginas de Espuma o Menoscuarto (Palencia), en Granada hacían lo propio Cuadernos del Vigía o Ediciones Traspiés. En segundo lugar, por esas mismas fechas llegaron a nuestro país un buen número de autores latinoamericanos que cultivaban el relato. Autores que traían la semilla de una de las facetas más interesantes del boom (y no por ello más reconocida), como era la gran tradición del cuento literario latinoamericano.

Por citar algunos autores, Fernando Iwasaki, Ronaldo Menéndez o Andrés Neuman, etc que cultivaban un relato moderno, nutrido por un lado de la rica tradición narrativa latinoamericana pero sobre todo de una correcta asimilación de las vanguardias de décadas anteriores. Tenían como maestros nada más y nada menos que a Borges, Cortázar, Rulfo, Onetti, Alejo Carpentier, y toda una nómina deslumbrante. El tercer factor fueron los talleres literarios que comenzaron a funcionar en Madrid, como el de Clara Obligado, la Escuela Fuentetaja, o posteriormente la Escuela de escritores y el Hotel Kafka, que durante décadas formaron a los escritores en el rigor, la imaginación y el trabajo con el lenguaje.

Constituidos siguiendo el modelo de los talleres norteamericanos de creación literaria, algo que en Europa no disfrutaba apenas de antecedentes, estos centros disponían de un montón de ejemplos brillantes en los que indagar, pues a la cuentística latinoamericana se sumaba la de los autores europeos. Incluso hubo en Madrid un intento de modificar la deficiente distribución que tenían los libros de relatos, siempre maltratados en las librerías, creando la primera librería dedicada específicamente al relato, Tres rosas amarillas, que durante algunos años y mientras pudo promocionó la narrativa breve.

Fruto de todos estos factores, los amantes del relato volvieron a interesarse por autores españoles de generaciones anteriores que estaban olvidados, como por ejemplo Ignacio Aldecoa, que en los años cincuenta llevó el relato a unos niveles de calidad literaria inigualables. Y también a los cuentistas de la generación posterior a Aldecoa, como Antonio Pereira o Medardo Fraile que andaban todavía en activo.

En Granada tuvimos la suerte de que confluyesen algunos de esos factores (recuerdo el homenaje que gracias a Pedro Enríquez se hizo a Medardo Fraile en La Zubia, por toda su obra), y ello dio como consecuencia una generación de escritores, muy distintos entre sí y con carreras bien dispares, que durante algún tiempo cultivaron el relato de manera brillante.

relato literario en granada
Port Royal publicó estos cuentos sobre santa Teresa

Durante ese tiempo los alumnos que asistían a los talleres se encontraban con escritores latinoamericanos que divulgaban un género moderno, alejado del naturalismo de décadas anteriores, y lo mismo estudiaban los cuentos del realismo sucio de Carver que las perlas de Juan José Arreola.

Por otro lado, y quizás como consecuencia de lo anterior, la región se llenó de concursos de relatos organizados por ayuntamientos o instituciones que veían en dichas convocatorias una forma de estar presentes en el universo cultural. Todavía hoy día persisten algunos de ellos, aunque su número y el importe de los premios ha decaído bastante.
Era frecuente que por Granada apareciesen autores como Hipólito G. Navarro o Eloy Tizón, que habían estado en el origen del resurgir del género en los primeros años del siglo actual.

Las visitas de algunos de ellos a Granada y su asiduidad, coincidieron con la residencia en la ciudad de dos grandes escritores de relatos, Ángel Olgoso y Andrés Neuman, que eran además dos grandes defensores de los géneros breves. Neuman ofrecía además una interesante labor como teórico del género, e incluía en sus libros y sus intervenciones algunas claves sobre las que fundar un género posmoderno, con personalidad propia, atractivo para los jóvenes autores.

Todo ello coincidió con actividades literarias que popularizaron el género y lo llevaron a las librerías y otros lugares de divulgación. Así por ejemplo, la editorial Cuadernos del Vigía organizó la experiencia Relatos en el autobús, que puso a disposición de los viajeros de los buses de Granada miles de relatos de forma gratuita. Por otro lado, Ediciones Traspiés publicó la antología «Ficción Sur», realizada por Juan Jacinto Muñoz Rengel, en la cual se recogía la biografía y un texto de varias decenas de escritores andaluces. Visibilizando el trabajo de muchos autores que al estar en ciudades más pequeñas no tenían repercusión.

También abundaron los talleres, como los que impartió Jesús Ortega organizados por Cuadernos del Vigía, o el que funcionó durante más de una década en Casa de Porras, y del cual fui responsable durante algún tiempo. Incluso el diario local, Ideal, convocaba anualmente un premio de relato, cuyos finalistas reunían sus textos en un volumen impreso. De tal modo que el relato estaba presente en la vida literaria de la ciudad, en tertulias como la del Salón.

Si bien es verdad que con el paso de los años este movimiento, que literariamente era muy interesante, se fue diluyendo.

Recopilación de “relatos-bus” Cuadernos del Vigía

Los escritores más brillantes de toda esa hornada, como por ejemplo podía ser Miguel Ángel Zapata, Cristina Morales, o el propio Andrés Neuman, volcaron su producción hacia el formato novela.

Los talleres, que durante casi una década habían funcionado sistemáticamente, se fueron apagando, y las editoriales, obligadas por una industria del libro que impone una competencia brutal y deja fuera de las librerías a todo aquel que no obtenga beneficios, empezaron a publicar otros géneros. El relato volvió a ser el patito feo de los géneros literarios, aguardando quizás a que vuelvan los buenos tiempos.

Presentación del libro Amor en tabletas en la Feria del libro 2010 promovido por la Tertulia del Salón. A la derecha César Girón y Gregorio Morales entre otras muchas personalidades
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