ISLERO: RENUNCIA NUCLEAR E IRRELEVANCIA ESTRATÉGICA ESPAÑOLA

ESPAÑA TUVO UNA VEZ EN SUS MANOS UN PROYECTO CAPAZ DE SITUARLA ENTRE LAS GRANDES POTENCIAS ESTRATÉGICAS, EL LLAMADO PROYECTO ISLERO; HOY, DÉCADAS DESPUÉS, SU PAPEL EN MATERIA DE DEFENSA SE DILUYE ENTRE LA IRRELEVANCIA, LA DEPENDENCIA EXTERIOR Y LA FALTA DE AMBICIÓN POLÍTICA.

Hubo un momento, no tan lejano, en el que España pensó en términos de soberanía real. Un momento en el que el Estado se preguntó qué lugar quería ocupar en el mundo y qué instrumentos necesitaba para no depender siempre de la voluntad ajena.

Ese momento tuvo un nombre quizá no conocido por todos, pero profundamente significativo: Islero. Un proyecto en el que trabajaron, desde la Junta de Energía Nuclear, figuras como Guillermo Velarde Pinacho ―el Oppenheimer español―, José María Otero de Navascués y el matemático granadino Juan Torres Vida ―entrañable amigo de quién escribe este artículo― en los últimos momentos, y que dio cobertura técnica, estratégica y política al programa secreto español para desarrollar armas nucleares durante el franquismo y los primeros años de la Transición. Su existencia confirma que España estuvo mucho más cerca de convertirse en potencia nuclear de lo que durante décadas se reconoció oficialmente. Hoy, el abandono y posterior olvido de aquel proyecto explican, mejor que muchos discursos, la actual debilidad estratégica española.

islero
Francisco Oltra, José María Otero, Guillermo Velarde, Javier Goicolea, Paul Barbour y Robert Loftness en el Centro Juan Vigón (1958)


Islero. Un proyecto en el que trabajaron, desde la Junta de Energía Nuclear, figuras como Guillermo Velarde Pinacho ―el Oppenheimer español―, José María Otero de Navascués y el matemático granadino Juan Torres Vida

Manolete. Alicante 29 de junio de 1947. Foto Finezas
Manolete. Alicante, 29 de junio de 1947. Foto Finezas.

Su nombre: Islero

La iniciativa recibió el llamativo nombre de “Islero” por un motivo metafórico y político muy concreto, no técnico. Islero fue el toro que mató al torero Manolete en Linares en 1947, un acontecimiento de enorme impacto emocional en la España franquista. El régimen utilizó ese nombre para su proyecto nuclear por varias distintas razones que van desde el simbolismo de una fuerza letal a un encubrimiento militar elegante. Por tanto, no fue designado así ni por azar ni por folklore, sino porque representaba la aspiración de que España tuviera un arma capaz de otorgarle un peso estratégico letal y respetado, algo que contrasta radicalmente con su irrelevancia actual en materia de Defensa

Un proyecto serio y riguroso

El Proyecto Islero, impulsado principalmente por el vicepresidente del gobierno español el almirante Luis Carrero Blanco (1904-1973) a finales de los años sesenta, no fue una extravagancia ni una ensoñación militarista. Fue un estudio serio, riguroso y racional sobre la capacidad de España para dotarse de un arma nuclear propia. Tras la crisis de Palomares de 1966, cuando cuatro bombas termonucleares estadounidenses cayeron sobre suelo español, el mensaje fue inequívoco: España era territorio estratégico para otros, pero no sujeto soberano de su propia seguridad.

Luis Carrero Blanco
ISLERO: RENUNCIA NUCLEAR E IRRELEVANCIA ESTRATÉGICA ESPAÑOLA 8
Llegada del Generador de Vapor a la Central Nuclear Jose Cabrera tambien conocida como Zorita en 1966
Llegada del Generador de Vapor a la Central Nuclear José Cabrera (también conocida como Zorita) en 1966

Islero concluyó algo incómodo pero contundente: España podía fabricar una bomba nuclear. Contaba con científicos cualificados, infraestructura nuclear, acceso a la tecnología necesaria y capacidad industrial suficiente para desarrollar un artefacto disuasorio en un plazo razonable. No se hablaba de arsenales masivos ni de paridad con las grandes potencias, sino de algo mucho más modesto y decisivo: capacidad de disuasión autónoma.


De haberse culminado, Islero habría cambiado radicalmente la posición de España en el concierto internacional, como poco antes había sucedido con Francia o el Reino Unido. Una España nuclear habría sido un actor imposible de ignorar en el Mediterráneo occidental, el Atlántico medio y el norte de África. Habría reforzado su peso frente a Estados Unidos, equilibrado su relación con Francia y otorgado una profundidad estratégica decisiva en escenarios como el Estrecho de Gibraltar o Canarias. La historia demuestra que incluso potencias medias como Israel, Pakistán o Corea transformaron su estatus internacional gracias al arma nuclear.

Islero concluyó algo incómodo pero contundente: España podía fabricar una bomba nuclear. Contaba con científicos cualificados, infraestructura nuclear

Abandono por el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP)

Sin embargo, Islero fue abandonado. No por incapacidad técnica ni por inviabilidad económica, sino por decisión política. Las presiones de Estados Unidos, el temor al aislamiento internacional y, posteriormente, la lógica de la Transición y la integración atlántica llevaron a España a renunciar formalmente a cualquier ambición nuclear militar, preventiva o disuasoria, así como al desarrollo autónomo de un sector industrial estratégico. La firma del Tratado de No Proliferación Nuclear selló definitivamente esa renuncia.

Felipe Gonzalez y el presidente de la Comision Europea Jacques Delors el 8 de enero de 1989
Felipe González y el presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, el 8 de enero de 1989.

Aquella decisión se presentó como un triunfo del realismo y la modernidad. Décadas después, el balance es más ambiguo. España ganó integración, sí, pero perdió autonomía estratégica. Pasó de aspirar a ser un actor con capacidad propia a aceptar un papel subordinado en materia de seguridad. Desde entonces, su política exterior se ha caracterizado por la dependencia, la ambigüedad y la renuncia sistemática a definir intereses nacionales no negociables.

El olvido de Islero no es un episodio aislado: es el símbolo de una cultura política que desconfía del poder, teme la soberanía dura y confunde responsabilidad internacional con docilidad estratégica.

Esa mentalidad explica por qué España es hoy un país irrelevante en los grandes debates de seguridad global, incapaz de influir decisivamente en su entorno inmediato y dependiente de terceros para su defensa última.

el olvido de Islero no es un episodio aislado: es el símbolo de una cultura política que desconfía del poder, teme la soberanía dura y confunde responsabilidad internacional con docilidad estratégica

La debilidad actual española en el Mediterráneo, en el Atlántico y frente a crisis energéticas, migratorias o geopolíticas no se debe solo a errores coyunturales. Es el resultado de décadas de renuncias acumuladas. Islero fue la mayor de todas porque implicaba algo esencial: decidir si España quería ser protegida o respetada.

¿Un proyecto actual?

¿Sería posible retomar hoy un proyecto como Islero? En términos estrictamente técnicos, España tendría hoy más capacidad científica e industrial que entonces. El obstáculo no es tecnológico, sino político y jurídico. El Tratado de No Proliferación Nuclear, los compromisos internacionales y la pertenencia a la Unión Europea y a la OTAN hacen inviable, al menos a corto plazo, un programa nuclear militar propio.

Pero la cuestión de fondo no es si España debe fabricar una bomba mañana, sino si está dispuesta a recuperar una cultura de autonomía estratégica. Islero no fue solo un proyecto nuclear: fue una forma de pensar el Estado, el poder y la soberanía. Recuperar ese espíritu es imprescindible si España quiere dejar de ser un actor pasivo en un mundo cada vez más duro y menos complaciente.

Lejos de cualquier consideración bélica, porque este artículo es sólo una somera exposición histórica sobre un acontecimiento español del que se pueden extraer importantes conclusiones, quedémonos con una reflexión: las naciones no desaparecen por carecer de armas nucleares, pero sí por renunciar a pensar en términos de soberanía. España, al enterrar Islero y olvidar lo que representaba, eligió durante demasiado tiempo no pensar; y hoy paga el precio.

este artículo es sólo una somera exposición histórica sobre un acontecimiento español del que se pueden extraer importantes conclusiones

logo1

NO TE PIERDAS NADA

Sé el primero en saber cuándo saldrá nuestra revista gratuita

horizonte10 pagina066a

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Comparte esta entrada

Comentarios y Reseñas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede ayudar a HG con un donativo Importe voluntario