EL GOBIERNO YA NO PUEDE REFUGIARSE DETRÁS DE LA PROPAGANDA, DE LAS EVASIVAS NI DE LOS RELATOS CUIDADOSAMENTE CONSTRUIDOS PARA GANAR TIEMPO. LOS HECHOS HAN TERMINADO POR IMPONERSE Y EL MOMENTO DE DAR EXPLICACIONES Y RESPONDER HA LLEGADO.
Lo ocurrido los días 30 y 31 de julio y sus consecuencias, no puede seguir siendo explicado mediante una sucesión de versiones contradictorias, rectificaciones y cortinas de humo. Durante semanas, el Ejecutivo ha tratado de desvincular a Marruecos de la entrada masiva en territorio español. Pedro Sánchez llegó incluso a señalar hacia campañas de desinformación y actores extranjeros, que rápidamente han sido desmentidos, mientras el Gobierno insistía en que no existían indicios de implicación marroquí.
Ahora, sin embargo, un informe policial remitido a la Audiencia Nacional señala a una actuación de gendarmes marroquíes y agentes de paisano que habrían guiado y facilitado la entrada masiva. El propio Fernando Grande-Marlaska ha tenido que pedir explicaciones al director general de la Policía sobre cuándo se conocía esa información, una acción justificativa que tiene el aspecto de de ser una maniobra de evasión y de justificación.
La pregunta es devastadora: ¿quién sabía qué y cuándo lo sabía? Y hay otra todavía más grave: ¿por qué el Gobierno español se esforzó tanto en exculpar a Marruecos antes incluso de que se conocieran plenamente todos los elementos de la investigación?
No hablamos de una discusión semántica sobre inmigración. Hablamos de la integridad territorial de España, de la seguridad de una ciudad española y de que una potencia extranjera haya permitido, facilitado o instrumentalizado una presión masiva sobre nuestra frontera, en un acto hostil de guerra híbrida, claramente más allá de la zona gris.
¿por qué el Gobierno español se esforzó tanto en exculpar a Marruecos antes incluso de que se conocieran plenamente todos los elementos de la investigación?
Ceuta no es una abstracción geográfica. Ceuta es España. Y ningún presidente del Gobierno tiene derecho a convertir la defensa de España en una cuestión subordinada a la preservación de una determinada relación diplomática.
Las informaciones conocidas plantean además una cuestión extraordinariamente inquietante: la existencia de alertas e informes de inteligencia previos sobre el riesgo de una entrada masiva. Si esas advertencias existieron, hay que saber quién las recibió, qué autoridades fueron informadas, qué medidas se adoptaron y, sobre todo, por qué no se evitó o se redujo una crisis que terminó desbordando a la ciudad.
No bastan comparecencias parlamentarias. No bastan comisiones. No bastan frases cuidadosamente medidas. España necesita una investigación completa. Y esa investigación debe alcanzar también otra cuestión que nunca ha sido satisfactoriamente aclarada: el espionaje mediante Pegasus a los teléfonos del presidente del Gobierno y de varios ministros en plena crisis con Marruecos. Se acreditaron intrusiones y extracción de grandes cantidades de datos de algunos de aquellos terminales. Sin embargo, el contenido concreto de lo sustraído sigue siendo una de las grandes zonas oscuras de aquel episodio. El giro de la diplomacia y la doctrina de España con los asuntos que involucraban a Marruecos dio un giro copernicano, tan insólito como inexplicable por exclusiva decisión de Sánchez: ¿por qué?
no bastan frases cuidadosamente medidas. España necesita una investigación completa
¿Qué conversaciones, documentos, mensajes, fotografías, contactos o datos pudieron quedar en manos de terceros? ¿Tuvo alguna relación aquella información con posteriores decisiones de enorme trascendencia en la política española hacia Marruecos? No afirmo que la tuviera, pero exijo que se investigue, porque la obligación de un Estado serio no consiste en proteger la comodidad política de su Gobierno, sino en descubrir la verdad, incluso cuando esa verdad resulte incómoda. Y aquí llegamos al núcleo del problema: la confianza.
Un Gobierno que primero niega indicios y después descubre informes policiales que apuntan en dirección contraria tiene la obligación de dar explicaciones exhaustivas. Un Gobierno cuyos propios ministros discrepan sobre la existencia y recepción de informes de inteligencia tiene un problema institucional de primer orden que tiene que explicar. Un Gobierno que pretende cerrar en falso una crisis que afecta a la soberanía nacional no merece indulgencia.
un Gobierno que primero niega indicios y después descubre informes policiales que apuntan en dirección contraria tiene la obligación de dar explicaciones exhaustivas
Pedro Sánchez debe comparecer y responder personalmente. Sin intermediarios. Sin portavoces. Sin relatos. Debe explicar detalladamente qué sabía antes de los hechos, qué información recibió después, qué conocían el CNI y los cuerpos policiales, qué comunicaciones mantuvo España con Marruecos y qué decisiones se adoptaron. Y si hubo negligencias, ocultaciones o responsabilidades políticas, deben producirse dimisiones inmediatas, por supuesto que también la suya.
Pero tampoco debe descartarse la responsabilidad jurídico-penal si una investigación judicial independiente encontrara indicios de conductas delictivas. En un asunto que afecta a la seguridad, la soberanía y la integridad del Estado, ninguna hipótesis jurídicamente relevante puede ser excluida de antemano, incluidos, si los hechos y las pruebas lo justificaran, los delitos contra la seguridad o los intereses fundamentales del Estado y llegado el caso, de traición.
tampoco debe descartarse la responsabilidad jurídico-penal si una investigación judicial independiente encontrara indicios de conductas delictivas
Eso lo determinarán los jueces. No los propagandistas. La responsabilidad política, sin embargo, corresponde ya a los ciudadanos. Y cuando un Gobierno ha perdido la capacidad de ofrecer una explicación creíble sobre una crisis de esta magnitud, cuando las contradicciones se acumulan y cuando la verdad parece aparecer siempre después de que el Ejecutivo haya intentado imponer su versión, la solución democrática es evidente: dimisión. Explicaciones. Investigación. Elecciones.
España no necesita otro relato. España necesita saber la verdad. Toda. Hasta el último extremo.





