Sociedad

OBITUARIO: JUAN PÉREZ, LA LEALTAD A LAS CONVICCIONES

HOMBRE BUENO Y COMPROMETIDO, DEFENSOR DE JUSTICIA SOCIAL Y AMIGO LEAL, FALLECE DEJANDO VACÍO PROFUNDO…

César Girón


HOMBRE BUENO Y COMPROMETIDO, DEFENSOR DE JUSTICIA SOCIAL Y AMIGO LEAL, FALLECE DEJANDO VACÍO PROFUNDO Y EJEMPLO DE COHERENCIA, BONDAD Y RESPONSABILIDAD CÍVICA.

Hay despedidas que, aun siendo anunciadas por el tiempo, nunca terminan de ser creídas. La de Juan Pérez pertenece a esa categoría dolorosa: la de las partidas que la razón comprende pero el corazón se resiste a aceptar. Su marcha hacia el infinito eterno era, de algún modo, una crónica escrita lentamente, pero no por ello menos inesperada cuando finalmente llega.

Juan era, sencillamente, un hombre bueno. Y no lo digo como fórmula ni como adjetivo fácil: lo era en el sentido profundo de la palabra. Bueno porque fue decidido sin ser altivo, firme sin ser intolerante y comprometido sin convertir el compromiso en bandera personal. Amigo de sus amigos —de verdad— y responsable frente a las injusticias sociales, siempre dispuesto a poner su esfuerzo, sus inercias y su energía al servicio de aquello en lo que creía.

Vivió en coherencia. Un hombre de la izquierda tradicional, sí, pero sobre todo un hombre fiel a sí mismo con los que le rodeaban. No cambió con los vientos ni se acomodó en las conveniencias. Para él, el compromiso no era una pose ni una etiqueta: era una manera de estar en el mundo. Con los débiles, con los olvidados, con las causas que no daban aplausos. Y lo hacía desde la serenidad, nunca desde el ruido.

Lo conocí hace muchos años en el mundillo de la comunicación. Lo recuerdo informando, produciendo, generando contenidos, repartiendo pareceres con esa moderación que solo poseen quienes buscan la justicia social sin odio ni resentimiento. Juan entendía algo que hoy escasea: que la bondad no es ingenuidad, sino valentía sin ambigüedades.

Tampoco dudó en actuar cuando la coyuntura política alzaba falsos líderes autoproclamados. Entonces aparecía su carácter: respetable, decidido, responsable. Nunca desde el ataque personal, siempre desde la conciencia. Si tomaba una decisión, lo hacía tras pensarla; si actuaba, era porque consideraba que debía hacerlo.

La última vez que hablé con él fue el pasado 18 de enero. Me invitó, como tantas otras semanas, al programa-tertulia política en 7TV.

Juan Pérez

Me alegró escucharlo. Le pregunté. Me dijo que estaba bien: —“Estancado, pero luchando… No salgo porque estoy inmunodeprimido, pero poco a poco lo lograré. Procuro no pensar en ello…”.
No pensé que se marcharía tan pronto. Creí que superaría el temporal y que volvería a salir el sol para él. El sol volvió, sí… pero ya no para él con su afecto.

Quienes creemos en la dimensión trascendente del ser humano confiamos en que, allí donde su alma haya recalado, habrá llegado bien. Porque seguirá siendo como fue: bueno, amigo de sus amigos, comprometido con los débiles y desinteresado con las causas. Un hombre en paz.

Nos queda, sin embargo, un vacío profundo. El de las conversaciones pendientes, el del cómplice con las cosas nobles, el de la certeza de que algunas personas hacen mejor el mundo simplemente por estar en él.

Descansa, Juan. Tu coherencia permanece entre nosotros. Y tu memoria, cariñosamente, también.

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