Análisis político- Opinión Política

LA SIMONÍA POLÍTICA: CUANDO LOS PRINCIPIOS SE SUBASTAN

LO HE DICHO EN NUMEROSAS OCASIONES, PARA MÍ: LA SIMONÍA POLÍTICA ES LA CORRUPCIÓN DEL…

César Girón

LO HE DICHO EN NUMEROSAS OCASIONES, PARA MÍ: LA SIMONÍA POLÍTICA ES LA CORRUPCIÓN DEL PODER PÚBLICO, CUANDO CARGOS, FAVORES O DECISIONES SE COMPRAN Y VENDEN, TRAICIONANDO LA ÉTICA, LA DEMOCRACIA Y EL INTERÉS COMÚN DE LA CIUDADANÍA Y DEL ESTADO.

Hay palabras antiguas que, por su potencia moral, sobreviven a los siglos. Simonía es una de ellas: el pecado de vender lo sagrado a cambio de poder o beneficio. Trasladada al terreno político —como metáfora, no como tipificación penal— describe con inquietante precisión la sensación que hoy acompaña a una parte creciente del electorado ante la actuación de Pedro Sánchez y la deriva del PSOE. Más aún tras la comparecencia de la señora Nogueras, de JUNTS, hace unos días, tras el encuentro el día anterior en Waterloo de los delincuentes que dirigen la política en nuestro Estado.

Socialdemocracia

simonía

La socialdemocracia nació para ampliar derechos, fortalecer instituciones y someter el poder a reglas claras.

La socialdemocracia nació para ampliar derechos, fortalecer instituciones y someter el poder a reglas claras. Su legitimidad descansa en principios no negociables: igualdad ante la ley, solidaridad territorial, separación de poderes y respeto a las normas democráticas. Cuando esos principios se convierten en moneda de cambio para sostener una mayoría parlamentaria precaria, la política deja de ser proyecto colectivo y pasa a ser contabilidad de supervivencia.

            Pedro Sánchez ha construido su liderazgo sobre una habilidad táctica indiscutible. Pero la táctica, cuando se impone a la ética, termina vaciando de sentido a la estrategia. Pactos opacos, concesiones que se justifican hoy y se desmienten mañana, y una narrativa cambiante que erosiona la confianza pública han llevado al PSOE a un terreno donde ya no se reconocen sus señas de identidad históricas. No se trata de gobernar con aliados diversos —eso es democracia—, sino de normalizar que lo esencial sea transaccionable.

Principios sagrados

La comparación con la simonía resulta incómoda porque apunta al núcleo del problema

            La comparación con la simonía resulta incómoda porque apunta al núcleo del problema: la percepción de que los “sagrados principios” de la democracia se han puesto en subasta. Cuando la igualdad ante la ley se relativiza, cuando el Estado de derecho se interpreta como obstáculo y no como garantía, y cuando el debate interno se silencia en nombre de la disciplina, el precio no lo paga solo un partido. Lo paga la credibilidad del sistema.

            El PSOE, que fue columna vertebral de la modernización y normalización democrática, parece caminar hacia un desastre no tanto electoral como moral. Un partido puede perder elecciones y recomponerse; lo que cuesta décadas es reconstruir la confianza perdida. La militancia desconcertada, los votantes desmovilizados y el discurso defensivo permanente son síntomas de un agotamiento que no se arregla con consignas ni con apelaciones al “mal menor” o evitar que el enemigo político llegue a gobernar con la aplicación de las reglas democráticas.

La historia política enseña que vender principios para ganar tiempo suele acabar perdiéndolo todo.

            La historia política enseña que vender principios para ganar tiempo suele acabar perdiéndolo todo. La simonía, en su sentido simbólico, no condena por herejía, sino por cinismo. Y el cinismo es el ácido que corroe a la socialdemocracia desde dentro. Si el PSOE quiere evitar el abismo, deberá decidir si prefiere seguir subastando lo esencial o recuperar aquello que, precisamente por no tener precio, le dio sentido y futuro.

Simonía política

            Por todo lo anterior afirmo que la simonía en política es la compra y venta de poder público: cargos, favores, leyes o decisiones que deberían servir al bien común, pero se intercambian por dinero, apoyos o beneficios privados. Es corrupción moral antes que legal: convierte la representación ciudadana en mercancía, degrada la democracia y sustituye el mérito y el servicio por el interés y el clientelismo. Cuando la política se “vende”, deja de gobernar la ley y gobierna el precio.

Cuando la política se “vende”, deja de gobernar la ley y gobierna el precio.

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