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Historia y Patrimonio

WASHINGTON IRVING Y LA ALHAMBRA: EL ESCRITOR QUE ENSEÑÓ A MIRAR GRANADA

Cuando Washington Irving (1783–1859) llegó a Granada en 1829, la Alhambra no era aún el…

Wahsington Irving

EN 1829, UN VIAJERO NORTEAMERICANO SE INSTALÓ DURANTE VARIAS SEMANAS EN EL INTERIOR DE LA ALHAMBRA. NO BUSCABA LUJO NI COMODIDAD, SINO COMPRENDER DESDE DENTRO UNO DE LOS MONUMENTOS MÁS FRÁGILES Y FASCINANTES DE EUROPA. DE AQUELLA EXPERIENCIA NACIÓ CUENTOS DE LA ALHAMBRA (1832), UNA OBRA QUE CAMBIÓ PARA SIEMPRE LA MIRADA INTERNACIONAL SOBRE GRANADA. ESTE ARTÍCULO REVISA LA RELACIÓN DE WASHINGTON IRVING CON LA ALHAMBRA Y DEFIENDE QUE SU MEMORIA FORMA PARTE INSEPARABLE DE LA IDENTIDAD CULTURAL GRANADINA.

Cuando Washington Irving (1783–1859) llegó a Granada en 1829, la Alhambra no era aún el icono protegido que hoy conocemos. Tras los destrozos de la ocupación napoleónica y décadas de abandono, los palacios nazaríes presentaban un aspecto precario: muros agrietados, techumbres hundidas, jardines descuidados y una población humilde instalada entre patios y torres.

Un extranjero ante una ruina en peligro

Irving no era un turista ocasional. Había llegado a España en 1826 y había residido en distintos lugares, en especial Madrid y Sevilla, ciudad andaluza desde la que viajó a Granada. Llegó como agregado diplomático de Estados Unidos y llevaba años investigando archivos históricos. Su interés por el final de al-Ándalus y por la figura de los Reyes Católicos lo condujo a la antigua ciudad del emirato nazarí, último gran escenario de la Edad Media peninsular.

Gracias a la autorización del gobernador, obtuvo permiso para residir en el recinto. Pocos escritores han tenido el privilegio —y la audacia— de habitar un monumento de esa envergadura.

Vivir dentro de la Alhambra

Durante semanas, concretamente tres meses, Irving durmió en estancias del palacio y recorrió el conjunto a distintas horas del día. Sus páginas describen una Alhambra viva: niños jugando en los patios, guardianes que narran leyendas al anochecer, salas abiertas al viento y al rumor constante del agua.

Ese contacto cotidiano le permitió captar algo más que formas arquitectónicas. Percibió el paso del tiempo, la melancolía de las ruinas y la fragilidad de las civilizaciones. Como señalaría más tarde el restaurador Leopoldo Torres Balbás, los relatos de viajeros románticos son hoy documentos indispensables para reconstruir el estado previo del monumento.

Pero Irving no escribió solo como testigo: escribió como alguien profundamente conmovido, su mejor y más importante obra: La Alhambra: conjunto de cuentos y bosquejos sobre moros y españoles.

Vivir dentro de la Alhambra
Vivir dentro de la Alhambra

La primera edición fue publicada por Lea & Carey, en Filadelfia, (The Alhambra: A Series of Tales of the Moors and Spaniards, by the Author of «The Sketch Book» – 1832) y Henry Colburn y Richard Bentley, en Londres, (The Alhambra, by Geoffrey Crayon, author of «The Sketch Book», «Brace-brigde Hall», «Tales of a Traveller», New Burlington Street -1832) en ediciones simultáneas, que incluían una dedicatoria a David Wilkie R. A., compañero de Irving en su viaje por España. En 1851 se publicó la versión revisada por el autor del texto y aún después de esta última versión completa hay quién ha observado que podrían existir otros cuentos no incluidos u olvidados del autor, revelador de que el literato consideró a esta obra suya la principal de sus creaciones y su deseo de rememoración vital de aquella estancia en el monumento árabe granadino y en la ciudad de las mil y una ensoñaciones románticas que lo acogía.

Los Cuentos de la Alhambra: literatura que crea un mito

Los Cuentos de la Alhambra mezclan crónica de viaje, historia, costumbrismo y ficción legendaria. Irving recoge tradiciones orales, recrea episodios del pasado nazarí y convierte el palacio en escenario literario. Sobre el viaje de Sevilla a Granada, la edición de Los Cuentos de la Alhambra realizada por la granadina editorial Comares en 1998 contiene un prólogo realizado por el experto autor y cronista granadino, César Girón, en el que se relata la singularidad armónica, ensoñadora y bellísima de aquel tránsito del norteamericano entre las dos ciudades del Sur peninsular, entre la andaluza Sevilla y la nazarí Granada.

El libro tuvo un éxito inmediato en el mundo anglosajón. Como reconoció Richard Ford en su célebre Handbook for Travellers in Spain (1845), fue Irving quien contribuyó a ensalzar definitivamente la Alhambra en el mapa cultural de Europa y América.

A partir de entonces, Granada se convirtió en destino obligado de escritores y artistas: Théophile Gautier, Alexandre Dumas o Prosper Mérimée viajaron influidos por aquella imagen romántica del palacio oriental y melancólico. Aunque desde siempre la capital del antiguo reino musulmán, posteriormente cristiano, fue destino añorado de viajeros de todas las épocas anteriores y vellocino de oro de la mítica mundial, en el sentido de ser reflejo de un objeto áulico, cuasi mágico, y de práctica cultural real que fue la presencia del oriente insertada en el extremo occidental y del viaje iniciático que inspiró a los viajeros románticos.

La Alcazaba y Torres Bermejas (1885). Manuel Gómez Moreno
La Alcazaba y Torres Bermejas (1885). Manuel Gómez-Moreno

Mediador entre culturas

A diferencia de otros viajeros románticos, Irving no se limita a exotizar el pasado islámico. Valora su refinamiento, lamenta su destrucción y critica la desidia de las autoridades. En varios pasajes expresa preocupación por la pérdida irreversible de decoraciones y estructuras.

El historiador Antonio Gallego Burín subrayó que sin esa difusión internacional difícilmente se habría despertado una conciencia patrimonial sólida. Irving fue, sin proponérselo, uno de los primeros defensores modernos de la Alhambra.

Su papel como mediador cultural entre España y Estados Unidos inauguró una tradición de hispanismo norteamericano que aún perdura.

Washington Irving en Sunnyside

De la literatura a la restauración

La fama creciente del monumento impulsó, desde mediados del siglo XIX, las primeras campañas sistemáticas de restauración, dirigidas por Rafael Contreras y culminadas en el siglo XX por Torres Balbás. Aunque es obligado citar la figura de Ricardo Velázquez Bosco (1843-1923), a quien dedicaremos el número siguiente de nuestra revista como una de las personalidades más relevantes de la arquitectura y restauración patrimonial españolas de finales del siglo XIX y comienzos del XX y, por supuesto, para la Alhambra.

Aunque Irving no participó en estas obras, su libro creó el clima cultural necesario para que la Alhambra dejara de ser una ruina pintoresca y pasara a ser un bien a proteger. Como escribió Gerald Brenan, en Al sur de Granada y en el Laberinto español, “la Alhambra moderna es inseparable de la mirada romántica que la redescubrió para el mundo… por eso, hagamos un poco de memoria”.

La memoria de Irving en la Granada actual

Granada conserva hoy varios homenajes: una placa en la Alhambra sobre el pilar conocido o bautizado con su nombre, situado junto a la Puerta de la Justicia, inaugurada en 1959 con ocasión de su centenario; una estatua en el camino de ascenso desde la puerta de las Granadas, poco más arriba de la Cruz de Leandro de Palencia inaugurado en 2009 con ocasión del 150 aniversario de su muerte; la lápida conmemorativa sobre la entrada de las Habitaciones del Emperador, en las que residió en 1829 por tres meses, dependencias contiguas al Peinador de la Reina en una de las crujías del edificio que abraza el granadino jardín de Daraxa; y otros distintos elementos en el conjunto y la ciudad que lo recuerdan o llevan su nombre.

Pilar dedicado a Washington Irving en la Alhambra
Pilar dedicado a Washington Irving en la Alhambra

Lamentable

Sin embargo, y a pesar de su relevancia e importancia mundial, su figura es hoy más conocida entre los visitantes extranjeros que entre muchos granadinos, quienes en su mayoría jamás han leído sus famosos Cuentos. Esta paradoja revela un reto pendiente: integrar a Irving no como personaje decorativo, sino como parte de la historia moderna de la ciudad, algo en lo que trabaja el actual responsable del monumento, el director del Patronato de la Alhambra y el Generalife, Rodrigo Ruiz-Jiménez Carreras, que fuera socio, como su padre y hermano, de nuestra entidad, de Granada Histórica. Implicado en resaltar su imagen y memoria para beneficio del conjunto, sabemos que pronto cristalizarán en beneficio algunas de sus iniciativas ya puestas en marcha…

A modo de breviario

Quedémonos con que Washington Irving no fue un viajero más de los que llegaron a Granada buscando el sugerente Oriente. Fue testigo de una Alhambra en peligro, creador de un imaginario influyente y mediador cultural entre Granada y el mundo. Su obra ayudó a salvar, con palabras, un monumento que hoy es Patrimonio de la Humanidad y por descontado que uno de los monumentos más universales y relevantes que existen. Olvidarlo sería empobrecer la propia memoria de Granada.

Referencias

Brenan, G.: El laberinto español, Madrid, 1943.
Ford, R.: Handbook for Travellers in Spain, Londres, 1845.
Gallego Burín, A.: Granada: historia, arte y costumbres, Granada, 1953.
Irving, W.: Tales of the Alhambra, Londres, 1832.
Torres Balbás, L.: La Alhambra y el Generalife, Madrid, 1936
Girón López, C.: Miscelánea de Granada (Granada 1998 y 2004 4ª edición).
Girón López, C.: El cuento olvidado (Granada 2015)

Washington Irving
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