LA CRISIS EN CEUTA EXPONE UNA PELIGROSA COERCIÓN GEOPOLÍTICA QUE EVIDENCIA QUE LA DEFENSA DE NUESTRA SOBERANÍA TERRITORIAL NO PUEDE TOLERAR AMBIGÜEDADES.
Lo sucedido en Ceuta los días 30 y 31 de julio no fue una simple crisis migratoria, sino una conmoción fronteriza de dimensiones extraordinarias que debe investigarse como una posible acción de guerra híbrida. Decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos en cuestión de horas, un hecho inaudito procedente de un país que controla férreamente sus fronteras, conoce el valor estratégico de la ciudad y mantiene sobre ella una histórica reivindicación territorial.
Resulta incomprensible la mansedumbre del Gobierno de Pedro Sánchez, que achaca lo ocurrido a las mafias y las redes sociales mientras evita atribuir responsabilidades a Rabat. Si un Estado permite una presión humana gigantesca sobre territorio español y, pocas semanas después, un ministro marroquí reclama públicamente la soberanía de Ceuta y Melilla, lo mínimo exigible es investigar si existe una relación estratégica entre ambos hechos.
si la presión fue instrumentalizada, estamos ante una forma de coerción híbrida ante la cual Madrid no puede mirar hacia otro lado
Sánchez calificó inicialmente los hechos de «ataque a la integridad territorial», pero el Ejecutivo ha rebajado progresivamente la crisis a una cuestión administrativa, evidenciando una cautela que roza la dependencia. Marruecos ya demostró en mayo de 2021 que el control de los flujos migratorios es un eficaz instrumento de presión geopolítica.
El Gobierno tiene la obligación de explicar qué sabían los servicios de inteligencia y por qué se produjo semejante colapso fronterizo. Ceuta no es solo una ciudad que sufre una emergencia humanitaria; es frontera exterior de la Unión Europea y territorio soberano de España. Si la presión fue instrumentalizada, estamos ante una forma de coerción híbrida ante la cual Madrid no puede mirar hacia otro lado. Ceuta no necesita un Gobierno que confíe a ciegas en Marruecos, sino uno que deje claro que no está en venta ni en discusión.






