Análisis político

CANARIAS EN LA LÍNEA DE PRESIÓN. Historia, geopolítica y la inquietante sombra sobre la soberanía española

ENTRE EL ATLÁNTICO Y ÁFRICA, LAS ISLAS CANARIAS VUELVEN A SITUARSE EN EL CENTRO DE…

César Girón

ENTRE EL ATLÁNTICO Y ÁFRICA, LAS ISLAS CANARIAS VUELVEN A SITUARSE EN EL CENTRO DE UNA SILENCIOSA TENSIÓN GEOPOLÍTICA. LA PRESIÓN DE MARRUECOS, EL RESPALDO ESTRATÉGICO DE ESTADOS UNIDOS Y LAS DUDAS DE LA DIPLOMACIA ESPAÑOLA REABREN INTERROGANTES HISTÓRICOS SOBRE SOBERANÍA Y FUTURO. EN OTRO NÚMERO DEDICÁBAMOS UN ARTÍCULO AL FIN DEL PROGRAMA NUCLEAR MILITAR ESPAÑOL. EL TEMA QUE HOY TRATAMOS ES UNA CONSECUENCIA MÁS DE AQUÉL.

En los momentos de debilidad histórica de España, los avisos suelen llegar primero desde la periferia. A finales del siglo XIX, cuando el imperio español se desmoronaba entre la inercia política y la ceguera estratégica, algunos marinos advirtieron que la derrota en el Caribe no sería el final de las pérdidas territoriales, sino el comienzo de nuevas presiones sobre lo que quedaba del mapa español. Entre quienes dejaron constancia de esa preocupación se encontraba Víctor Concas, jefe de Estado Mayor de la escuadra de Pascual Cervera.

Tras la catástrofe de la guerra contra Estados Unidos —la llamada por los historiadores anglosajones Spanish–American War de 1898— Concas dejó escrito que la derrota en Cuba no sólo implicaba la pérdida de las provincias de ultramar americanas, sino que abría un escenario inquietante: las islas Canarias podían convertirse en el siguiente objetivo de presión estratégica si España persistía en resistirse al nuevo orden impuesto por Washington.

Más de un siglo después, aquella advertencia resuena con una actualidad incómoda. Hoy el archipiélago canario vuelve a situarse en el centro de una tensión geopolítica creciente en el Atlántico oriental. No se trata de una amenaza militar convencional ni de un conflicto abierto. La presión adopta la forma más característica de las relaciones internacionales del siglo XXI: la “zona gris”, un espacio ambiguo donde las fronteras de la soberanía se erosionan mediante decisiones diplomáticas, reinterpretaciones jurídicas, presiones económicas y maniobras estratégicas.

En esa zona gris confluyen dos actores principales: Marruecos y Estados Unidos.

El proyecto del “Gran Marruecos” y el tablero atlántico

El nacionalismo estratégico marroquí nunca ha ocultado la aspiración histórica del llamado “Gran Marruecos”, una visión geopolítica que, en diferentes momentos, ha proyectado su influencia sobre Mauritania, el Sáhara Occidental, parte de Argelia e incluso las aguas cercanas al archipiélago canario. No se trata de una teoría conspirativa, sino de una doctrina presente en discursos políticos y en la tradición estratégica del Estado alauita.

La cuestión relativa al antiguo Sahara Español constituye el eje central de esta dinámica. Durante décadas España mantuvo una posición diplomática relativamente coherente: apoyo al proceso de autodeterminación bajo auspicio de Naciones Unidas y reconocimiento implícito de su responsabilidad histórica como potencia administradora del territorio.

Sin embargo, ese equilibrio se rompió abruptamente cuando el gobierno de Pedro Sánchez decidió respaldar la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara. La decisión —tomada de forma personalista, sin debate parlamentario suficiente y sin explicación estratégica convincente— supuso un giro radical de la política exterior española. Más que una rectificación diplomática, pareció una renuncia a una posición histórica que España había defendido durante décadas.

ese equilibrio se rompió abruptamente cuando el gobierno de Pedro Sánchez decidió respaldar la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara.

Las consecuencias no tardaron en aparecer. Al reforzarse la legitimidad internacional de Marruecos en el Sáhara, Rabat consolidó su posición geopolítica en el Atlántico oriental, extendiendo su influencia marítima hacia áreas de enorme valor estratégico y económico.

Entre ellas destaca la disputa potencial sobre la plataforma continental cercana a Canarias, donde se encuentran formaciones submarinas como el monte Tropic, un relieve oceánico de gran interés por la posible presencia de minerales estratégicos —especialmente telurio y otros elementos raros fundamentales para la industria tecnológica— de indudable soberanía hispana.

canarias
El monte Tropic es de soberanía hispana

En este punto, la cuestión deja de ser puramente territorial para convertirse en un asunto de recursos estratégicos globales.

El águila americana planea sobre la República Saharaui

El respaldo estadounidense

El otro factor determinante en este tablero es Estados Unidos. Al final de su mandato, Donald Trump reconoció más o menos expresamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, una decisión que rompía décadas de equilibrio diplomático internacional.

A cambio, Marruecos se consolidó como uno de los aliados preferentes de Washington en el norte de África.

En términos estratégicos, el mensaje era claro: Rabat se convertía en el principal socio atlántico de Estados Unidos en la región, un papel que inevitablemente condiciona el margen de maniobra español.

Esta alianza revive ecos históricos inquietantes. Tras la derrota de 1898, algunos círculos estratégicos estadounidenses consideraron la posibilidad de establecer una presencia directa en Canarias para asegurar el control del Atlántico medio ―como siempre quiso también Inglaterra―. No fue una hipótesis marginal: el archipiélago era visto como una posición naval privilegiada en las rutas entre Europa, África y América.

Décadas después, en plena Guerra Fría, el propio Henry Kissinger llegó a insinuar una amenaza diplomática de enorme gravedad: si España persistía en desarrollar su programa nuclear militar —el conocido Proyecto Islero— Estados Unidos podría apoyar movimientos independentistas en Canarias.

El mensaje era inequívoco: la soberanía sobre el archipiélago nunca ha sido considerada completamente intocable por los grandes actores geopolíticos.

el propio Henry Kissinger llegó a insinuar una amenaza diplomática de enorme gravedad: si España persistía en desarrollar su programa nuclear militar —el conocido Proyecto Islero—

Proyecto Islero
Carrero Blanco con Kissinger

La presión en “zona gris”

Hoy no se habla de independencia inducida ni de anexiones directas. El método es más sofisticado.
Marruecos amplía unilateralmente sus aguas jurisdiccionales, impulsa cartografías marítimas que rozan la zona económica exclusiva española y consolida su control sobre el Sáhara mientras avanza en la delimitación de la plataforma continental atlántica.

España, mientras tanto, parece responder con una mezcla de cautela diplomática y silencio estratégico. Ese silencio es precisamente lo que preocupa a muchos analistas. En la política internacional contemporánea, la soberanía no se pierde de golpe: se desgasta lentamente mediante precedentes, concesiones implícitas y cambios de hecho sobre el terreno —o, en este caso, sobre el mar.

El archipiélago canario se encuentra en el centro de esa dinámica. Su posición geográfica lo convierte en una plataforma natural entre tres continentes y en un punto clave para las rutas energéticas, comerciales y militares del Atlántico.

la soberanía sobre el archipiélago nunca ha sido considerada completamente intocable

Un debate que España evita

Lo más inquietante no es sólo la presión exterior, sino la ausencia de debate estratégico dentro de España. Mientras otros países europeos discuten abiertamente sus intereses geopolíticos, en España la cuestión de Canarias sigue tratándose como un asunto periférico o meramente administrativo. Pero la historia enseña que las periferias son, precisamente, los lugares donde comienzan las crisis de soberanía.

Las advertencias de Víctor Concas tras 1898 no eran una exageración patriótica de un marino derrotado. Eran la intuición de alguien que comprendía la lógica brutal de la geopolítica: cuando un país pierde iniciativa estratégica, otros actores comienzan a redibujar su espacio.

Hoy, más de un siglo después, la pregunta vuelve a plantearse con crudeza. Y no es si Canarias está amenazada de forma inmediata. La cuestión es más incómoda: si España está dispuesta a defender plenamente su posición en el Atlántico o si, una vez más, la historia avanzará mientras Madrid mira hacia otro lado.

las advertencias de Víctor Concas tras 1898 no eran una exageración patriótica de un marino derrotado

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