Opinión Política

DE MORTADELO A “CHARO 007”: LA EXTRAÑA LEYENDA DE LA FONTANERA MÁS FAMOSA DEL PSOE

La imagen resulta inevitable. Mientras las grandes potencias despliegan sofisticados sistemas de vigilancia, satélites, algoritmos…

César Girón


MIENTRAS LAS GRANDES POTENCIAS DESPLIEGAN SOFISTICADAS REDES DE INTELIGENCIA, ESPAÑA PARECE HABER INVENTADO EL ESPIONAJE CASTIZO. LA FIGURA DE LA LLAMADA “FONTANERA DEL PSOE” SIMBOLIZA UN ESPERPENTO POLÍTICO DONDE LA REALIDAD COMPITE CON LA SÁTIRA Y SUELE GANAR.

Hay personajes que parecen salidos de una novela de espionaje de John le Carré. Y luego está la denominada “fontanera del PSOE”, Leire Díez, que según algunas informaciones periodísticas habría protagonizado episodios tan extravagantes que ni los guionistas de Mortadelo y Filemón se habrían atrevido a incluirlos por miedo a que el lector los considerara poco creíbles.

Porque una cosa es la geopolítica y otra muy distinta la astracanada geopolítica. España lleva años contemplando atónita cómo las noticias relacionadas con espionajes, contraespionajes, teléfonos infectados, servicios secretos extranjeros, personajes venezolanos, intermediarios de toda condición y supuestas operaciones en la sombra parecen competir entre sí por el premio al argumento más inverosímil.

En medio de ese paisaje aparece Leire Díez, convertida por sus detractores en una especie de agente secreta de saldo. Una suerte de “Charo 007”, aunque con menos Aston Martin y más utilitario de aparcamiento. Según los relatos que circulan en la esfera pública, su papel habría sido tan poliédrico que cuesta determinar si estamos ante una activista política, una investigadora aficionada o una protagonista accidental de una parodia nacional de los servicios de inteligencia.

La imagen resulta inevitable. Mientras las grandes potencias despliegan sofisticados sistemas de vigilancia, satélites, algoritmos y centros de operaciones, España parece empeñada en demostrar que el espionaje también puede practicarse con el espíritu artesanal de una comunidad de vecinos. Frente a James Bond, nosotros tendríamos a Mortadelo. Frente al MI6, una reunión improvisada en una cafetería. Frente a las operaciones encubiertas de la Guerra Fría, un sainete castizo con ecos de berlanga y tebeo.

Lo más llamativo no es siquiera el contenido de las informaciones que han trascendido, sino la sensación de improvisación permanente que transmiten. Como si alguien hubiera decidido gestionar asuntos de máxima sensibilidad con los métodos organizativos de una peña de fiestas patronales.

Y ahí reside el problema de fondo. Cuando la política empieza a parecer una comedia de enredos, la confianza pública se convierte en la principal víctima. Porque los ciudadanos pueden soportar errores, incluso escándalos. Lo que resulta más difícil de asumir es la impresión de que determinadas estructuras de poder funcionan según una lógica más próxima al disparate que a la responsabilidad institucional.

Quizá por eso la figura de la llamada “fontanera” ha capturado tanta atención. No porque represente una amenaza digna de una película de espías, sino porque simboliza algo mucho más español: la capacidad de transformar cualquier asunto serio en una mezcla irrepetible de vodevil, sainete y esperpento.

Si algún día alguien lleva esta historia al cine, que se hará junto a Torrente, convendría evitar la etiqueta de thriller político. La clasificación correcta sería comedia costumbrista. Y el título ya está prácticamente escrito: “Charo 007: licencia para fontanear”.

Compartir es ayudar:

Etiquetas del artículo