LOS NEOALMOHADES

EN EL CONSTRUCTO IDEOLÓGICO EN QUE HA ENTRADO LA DIRIGENCIA POLÍTICO-ADMINISTRATIVA DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA, SE ESTÁ PRIMANDO UN RELATO ANDALUCISTA, QUE SURGE DE DETERMINADOS DEPARTAMENTOS UNIVERSITARIOS Y CHIRINGUITOS AUTONÓMICOS QUE NADA TIENEN QUE ENVIDIAR A LAS LOCURAS DEL INSTITUTO DE NOVA HISTÒRIA DE CATALUÑA.

ANTONIO BERNARDO ESPINOSA RAMÍREZ

Profesor Universitario

Director

Acostumbro a ir a las bibliotecas cuando tengo que investigar; lo hago, no sólo porque es el lugar donde encuentro documentación que no es accesible por Internet, sino porque es el ambiente idóneo para consultar, reflexionar, comparar, escribir, etc. Una de mis bibliotecas favoritas es la de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada: su sala de publicaciones periódicas es el paraíso del investigador. Hace un tiempo que, consultando bibliografía sobre las Alpujarras, y centrado en una de esas estupendas monografías de la escuela de historiadores del Reino de Granada, me llevé una ingrata sorpresa: la obra estaba tachada y anotada en los márgenes, no eran las anotaciones clásicas que nos encontramos que acotan temas o señalan párrafos fruto del uso y el estudio, era una censura y una declaración política. Banderas andaluzas con la estrella roja, negaciones de nuestra historia, relecturas en clave independentista, todo era una auténtica locura que firmaban unos autodenominados… monfíes.

Banderas andaluzas con la estrella roja, negaciones de nuestra historia, relecturas en clave independentista, todo era una auténtica locura que firmaban unos autodenominados… monfíes.


El que un libro de historia del Reino de Granada fuese vandalizado por unos extremistas, no es nada nuevo, todo aquel que acostumbra a usar las bibliotecas lo sabe, lo que en un inicio me sorprendió fue el contenido de los textos por el uso de la historia, la loca relectura que de ella se hacía: para el neocensor, los andaluces eran un pueblo oprimido por España que debía buscar su identidad bajo el manto de la bandera almohade, la verde y blanca, y recobrar la libertad perdida desde la época de los Reyes Católicos.

Los monfíes, esas “hermanitas de la caridad” de la época de la Guerra de las Alpujarras, eran el espejo, los defensores de la supuesta libertad perdida. En fin, aquello debía ser una mente calenturienta producto de los delirios andalucistas, pero veo que no es así: en una parte de la extrema izquierda, este relato ha calado: la bandera verde y blanca con la estrella roja la vemos hoy en manifestaciones, en la universidad, hasta en los campos de fútbol, e incluso el portavoz de Adelante Andalucía se atrevió hace unos días a calificar la conquista de Granada en 1492 como ocupación militar y genocidio. Ojo, esto último lo dice un político, pero también un profesor de la enseñanza pública. Ahí sí empiezo a preocuparme seriamente.


Yo era un niño que vivió su infancia durante el régimen de Franco. Debido a mi carácter rebelde, pasé por varios colegios y fui testigo de cómo el régimen utilizaba el sistema educativo. Durante mis primeros años estudié en los Escolapios. Teníamos una asignatura obligatoria que creo recordar se denominaba Política y Formación del Espíritu Nacional (o algo parecido). A inicio de curso comprábamos el libro y el profesor venía a la primera clase, era —con el tiempo fui consciente—, familia de uno de los gerifaltes del Movimiento en Granada. Después de esa clase, nunca volvió, nunca dimos la asignatura, pero en el expediente constaba como aprobada; las lenguas vivaces y corredoras afirmaban que los curas le pagaban por las clases sin la obligación de asistir (yo sólo apunto, no afirmo).

Debido a mi carácter y a mi constante choque con los poseedores de “verdades reveladas”, a los años cambié de colegio y fui a parar al más cercano a mi casa que entonces se denominaba “División Azul”, así, como suena, sin necesidad de opiáceos para entenderlo. Era un excelente colegio nacional, pero con unas peculiaridades que paso a comentar. Los chicos llevábamos un guardapolvo azul-gris y las chicas una bata blanca con un lazo azul. Lo curioso era que los niños debían llevar en el bolsillo, cosido, el escudo de las tropas que Franco envió a combatir con los alemanes durante la Guerra Mundial. En aquella época muchos lo llevaban descosido o bien algo desvaído por los lavados. Yo nunca me lo puse, a pesar de que el director me insistía (en mi casa no lo consintieron). En las clases, el retrato todopoderoso de Franco y en el patio, en vez de gimnasia, marchábamos en formación: “izquierda… izquierda… izquierda derecha izquierda, ¡paso! ¡Marchen!”, todavía resuenan en mis oídos las voces de mando del profesor. Por las mañanas se cantaba un himno. El colegio y la ideología iban de la mano.


Hoy soy también profesor. Tengo alumnos de todas partes de España. Enseño Historia y a veces, es deprimente. Los jóvenes no tienen la culpa: llegan de la Secundaria con unos conocimientos limitados, centrados en su comunidad autónoma, no ya en la historia local (que es bueno conocerla) sino en el relato autonómico. Hagan una prueba: pregunten por Blas Infante, por el himno de Andalucía o la bandera, verán como todos se lo conocen de “pe a pa”.

Ahora, pregunten por Quevedo: les dirán que es un cantante de Reguetón. Se está primando un relato andalucista, que surge de algunos departamentos universitarios y de chiringuitos autonómicos que no tienen nada que envidiar a las locuras del Instituto de Nova Història de Cataluña. Las identidades (de todo tipo y ya hablaremos de eso en otro momento) se han adueñado, como antaño la identidad única, del sistema educativo. En Andalucía se está creando una narrativa que se traslada a los libros de texto y que algunos profesores-políticos sostienen. Muchos profesores de secundaria callan ante lo que está pasando, o bien piden la jubilación anticipada.

Las identidades (de todo tipo y ya hablaremos de eso en otro momento) se han adueñado, como antaño la identidad única, del sistema educativo

La Andalucía neoalmohade blasinfantiana cabalga a lomos de los nuevos monfíes del pensamiento andalucista. Salvando las distancias, hemos pasado de cantar: “montañas nevadas, banderas al viento” a ver como a bandera verde y blanca “vuelve” tras siglos de guerra.

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