GRANADA NO FUE, NI ES, UNA MERA ANÉCDOTA GEOGRÁFICA, SINO EL CORAZÓN DE UN REINO SOBERANO Y BRILLANTE. UN TERRITORIO QUE SE RECONOCIÓ CONSTITUCIONALMENTE HASTA EL SIGLO XIX MÁS ALLÁ DE LA FICTICIA ANDALUCÍA. RECORDAR NUESTRO POTENTE LEGADO HISTÓRICO, MÁS ALLÁ DE LOS MITOS ROMÁNTICOS, ES LA HERRAMIENTA MÁS FIRME PARA EXIGIR EL RESPETO QUE MERECEMOS.
Si en la entrega anterior abordábamos nuestra proyección económica y política, hoy es imperativo mirar a los cimientos más hondos de nuestra antigua realidad. Por eso la elección de un personaje como Seco de Lucena (Paco) para la portada del último número de Horizonte Garnata, como punto de conexión entre el lejano pasado y la continuidad reivindicativa actual. Granada no es una anécdota geográfica dentro de España y menos aún en la artificialmente creada Andalucía política; fue el corazón de un reino histórico, medieval y cristiano, brillante y soberano cuya impronta cultural, científica, social, política, y de toda índole definió el pulso de todo un flanco del Mediterráneo.
Más allá del mito romántico
Con frecuencia, el relato sobre nuestro pasado nazarí se reduce a postales de cuento de hadas, a leyendas de príncipes y princesas o a una visión superficial que encierra la historia de Granada en los muros de la Alhambra. Sin embargo, el Reino de Granada fue mucho más que eso: constituyó un faro de innovación en ingeniería hidráulica, un prodigio en el desarrollo de las matemáticas y las proporciones, y un referente político y comercial cuya influencia trascendió con creces sus propias fronteras.
Esa soberanía histórica no se improvisó; se cimentó sobre el esfuerzo, la sensibilidad y el refinamiento de una sociedad que supo tejer una civilización única. Despojar a Granada de esa centralidad histórica para convertirla en un mero apéndice o en una capital de segunda fila dentro de construcciones territoriales modernas es ignorar conscientemente el peso real de nuestro legado.
esa soberanía histórica no se improvisó; se cimentó sobre el esfuerzo
Herederos de una gran capital
El esplendor de nuestro pasado no pertenece únicamente a los libros de texto o a los manuales de historia; late en cada rincón de nuestra provincia. Desde la arquitectura de los palacios hasta la organización de nuestro territorio, el legado del reino medieval nos recuerda que Granada ejerció siempre como capital soberana, con capacidad de atracción y liderazgo propio.
Renunciar a ese orgullo histórico o permitir que se diluya en relatos provincianos que nos subordinan a otros centros de decisión es un error imperdonable. No podemos construir un futuro sólido si ignoramos la grandeza de los cimientos sobre los que nos asentamos. Granada fue eje, motor y luz de su propio destino, y esa vocación de centralidad sigue latente bajo nuestra identidad.
renunciar a ese orgullo histórico o permitir que se diluya en relatos provincianos que nos subordinan a otros centros de decisión es un error imperdonable
Un reino que exige respeto
En este recorrido estival por nuestra autonomía, la historia nos devuelve la mirada con exigencia. No necesitamos tutelas del pasado ni complejos frente al presente. Recordar lo que fuimos es la herramienta más potente para saber lo que debemos exigir hoy.
Este artículo continúa nuestra serie de recordatorios sobre la necesidad de ejercer nuestra propia voz en todos los ámbitos.
(Continuará)





