PEDRO SÁNCHEZ Y LA TRAICIÓN AL SÁHARA: UNA DECISIÓN PERSONAL CONTRA EL ESTADO

HOY SE HA CONSUMADO UN GOLPE DECISIVO A LA HISTORIA CON EL ESPALDARAZO DE LA ONU A LAS AMBICIONES EXPANSIONISTAS DE MARRUECOS SOBRE EL SÁHARA OCCIDENTAL, QUE FUE PROVINCIA ESPAÑOLA HASTA HACE CINCUENTA AÑOS, POR LA TRAICIÓN EXCLUSIVA DE PEDRO SÁNCHEZ Y SU CAMARLENGO EL MINISTRO ALBARES.

Traición al Sáhara

La historia reciente de España quedará marcada por una de las decisiones más incomprensibles, opacas y unilaterales de nuestra democracia: el giro del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, respecto al Sáhara Occidental. Un cambio de postura que no solo carece de justificación política o moral, sino que vulnera los principios institucionales sobre los que se asienta nuestro sistema democrático.

Porque no fue el Estado español quien cambió de rumbo; fue Pedro Sánchez, y solo Pedro Sánchez, quien decidió, de manera personal y sin respaldo alguno, alterar medio siglo de política exterior. Lo hizo sin consulta al Parlamento, sin participación del Consejo de Ministros, sin el refrendo del Rey, sin consenso de los partidos, y contra el sentir mayoritario de la sociedad española. Ni España es Sánchez, ni Sánchez es España. La política exterior de un país no puede ni debe depender del capricho de un individuo que confunde su burda detentación del poder con la soberanía.

ni España es Sánchez, ni Sánchez es España. La política exterior de un país no puede ni debe depender del capricho

Durante casi cinco décadas, España mantuvo —con prudencia y coherencia— una posición de equilibrio y respeto al derecho internacional: la defensa del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, conforme a las resoluciones de Naciones Unidas. Esa postura no era solo jurídica o diplomática; era, sobre todo, moralmente justa. Era la consecuencia natural de una responsabilidad histórica: España fue la potencia administradora del Sáhara, y con su precipitada salida en 1975 dejó a un pueblo hermano en una tierra de nadie, víctima de la codicia expansionista de Marruecos.

España mantuvo —con prudencia y coherencia— una posición de equilibrio y respeto al derecho internacional

PEDRO SÁNCHEZ Y LA TRAICIÓN AL SÁHARA: UNA DECISIÓN PERSONAL CONTRA EL ESTADO

El giro de Sánchez rompió con todo eso. En una carta de dudosa validez enviada al rey de Marruecos, entregó la causa saharaui sin debate, sin transparencia y sin explicación. A espaldas del Congreso, de los partidos, de la diplomacia, del propio pueblo español. Cometió un acto que deshonra la palabra dada por generaciones de españoles que, desde la transición, habían mantenido una postura común: que el Sáhara no es moneda de cambio para los intereses coyunturales de un gobierno.

La decisión de Sánchez no solo fue políticamente irresponsable; fue moralmente inaceptable. Porque supuso abandonar a un pueblo traicionado dos veces: primero por la descolonización inconclusa, y ahora por el oportunismo de un gobernante dispuesto a sacrificar principios por conveniencia. Marruecos nunca tuvo soberanía sobre el Sáhara Occidental; su reclamación es fruto de la ficción expansionista del majzén. Entregarle el aval de España equivale a borrar la verdad histórica y legitimar la ocupación.

con su decisión, Sánchez usurpó la voz del Estado y ha roto el consenso que daba coherencia y dignidad a la política exterior española

La gravedad del asunto no puede minimizarse. Con su decisión, Sánchez usurpó la voz del Estado y ha roto el consenso que daba coherencia y dignidad a la política exterior española. Actuó contra todos y por encima de todos, con una muestra alarmante de personalismo que erosiona el propio concepto de Estado de Derecho.

España no puede ser rehén de los impulsos de un solo hombre. La política exterior es una cuestión de Estado, no de partido, y mucho menos de vanidad o de decisión personal de un dirigente que carece de apoyos y legitimación para esto. En su inexplicable y aún inexplicada decisión, Pedro Sánchez no representaba a España: se representaba a sí mismo. Y con ese acto solitario, dejó tras de sí una estela de desconfianza, indignación y vergüenza, que prosigue en aumento.

El pueblo saharaui —valiente, digno y paciente— vuelve a ser el gran olvidado. Abandonado a las garras de Marruecos, ve como España, la nación que le prometió libertad y justicia, se desentiende por cálculo político de un personaje anodino. Pero la historia es obstinada, y los pueblos tienen memoria. El día que el Sáhara recupere su libertad, quedará escrito que España, en nombre de Pedro Sánchez, le dio la espalda en el momento más oscuro. Porque los errores políticos se corrigen; pero las traiciones no se olvidan.

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Zarze Garroso

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