GANIVET EN LA MEMORIA

Filósofo y escritor español, Ángel Ganivet García fue, como dijo Eugenio d’Ors, «un glorioso precursor, antorcha del fin de siglo y de Granada». Pasó por la vida como una sombra, como si deseara que su presencia no fuera notada.

Redacción HG

En realidad, la biografía de Ángel Ganivet García, se reduce a bien poca cosa, más si tenemos en cuenta su temprana desaparición del panorama literario. Pero en aquellos tres últimos años, como si lo presintiera, creó lo que otros tardan en escribir una vida entera, su magnífica obra, integrada por títulos como El Idearium Español, Granada la Bella, La Conquista del Reino de Maya, Los trabajos de Pío Cid, El Escultor de su Alma, y otros títulos que son las obras de un gran literato, verdadero maestro de una generación que había de producir hombres de la talla de Unamuno, Ortega y Gasset o Pío Baroja. En su caso, sólo unos años antes de su trágica muerte, empezó a escribir las obras que le valdrían justa fama que acrisola como literato y pensador.

Granadino

Nació en Granada el día 13 de noviembre de 1865 en la casa número 13 de la calle San Pedro Mártir en el seno de una familia modesta. Sus padres, Francisco Ganivet Morcillo y Ángeles García de Lara y Siles, le dejaron seguir sus propias inclinaciones. Él, el padre, era artista pintor y había servido en el Regimiento de Caballería Lusitania. Ella, la madre, era muy dada a la lectura de novelas y libros de viajes. Vivían en un molino harinero de su propiedad, y en este peculiar ambiente fue creciendo Ángel Ganivet. Su espíritu se elevó por encima de la prosa y expresó su deseo de seguir una carrera universitaria. Así, a los quince años, efectuó su examen de ingreso en el Instituto Provincial de Granada.

Luego todo fue muy rápido: bachiller, licenciado en Filosofía y Letras, archivero, bibliotecario y arqueólogo y licenciado en Derecho por la Universidad de Granada y dominador a la perfección de once idiomas. Preparó en Madrid la oposición a la cátedra de griego, conociendo en ello a Miguel de Unamuno.

Su espíritu se elevó por encima de la prosa y expresó su deseo de seguir una carrera universitaria

Diplomático

En el año 1892, por oposición obtuvo el cargo de vicecónsul de España en Amberes; posteriormente fue nombrado para Helsinki y Riga, ciudad donde tuvo lugar su trágico fin. Fundó la tertulia literaria de la Cofradía del Avellano, pero hasta el año 1895, tres antes de su muerte, no se aventuró a publicar sus escritos.

En este breve lapso de tiempo completó todas sus obras, creando la figura inolvidable de Pío Cid, auténtico retrato de Ganivet

En este breve lapso de tiempo completó todas sus obras, creando la figura inolvidable de Pío Cid, auténtico retrato de Ganivet. La tristeza iba minando su existencia y quizá a ello contribuyó su trágico episodio sentimental. En su estancia en Madrid, en el año 1891, había conocido a Amelia Roldán, la que sería su amante, cuando asistía a un baile de máscaras, tal y como Pío Cid conoció a Martina Gomara.

Ángel y Amelia

Ambos se quisieron y aceptaron un común destino, que se vio truncado por ciertas revelaciones que se le hicieron a Ganivet a propósito de la conducta de ella. La herida fue dolorosa y la separación no pudo traer el olvido, pero Ángel Ganivet dominó sus sentimientos y rechazó la reconciliación que le prometía Amelia. Se acentúa en Ganivet su inquietud física y moral, y el barón Von Bruck, cónsul de Alemania, en cuya

Esta dolencia y la visita de Amelia a Riga con intención de reconciliarse precipitaría su suicidio arrojándose al río Dvina Occidental

casa vivía, se ve obligado a llevarlo a un médico, el cual le diagnostica parálisis progresiva y manía persecutoria.

Esta dolencia y la visita de Amelia a Riga con intención de reconciliarse precipitaría su suicidio arrojándose al río Dvina Occidental, sin que los esfuerzos de los que intentaron salvarle consiguieran nada positivo. Así, moría un 29 —algunos mantenían que fue el 28— de noviembre de 1898 el gran filósofo, que aún no era conocido sino por sus íntimos. Amelia había llegado demasiado tarde.

Literato del 98

Por su silueta biográfica puede observarse que era un temperamento inquieto con un agudo espíritu crítico, de carácter extravagante y una exuberante energía intelectual. Sus incertidumbres y amarguras contribuirían sin lugar a dudas a su trágico fin. Su actitud ideológica y literaria arranca del escepticismo finisecular que siguió al racionalismo optimista del XVIII. El sufrimiento de una angustia metafísica similar a la de Unamuno le lleva a su integración vocacional en la primera “Generación del 98”.

Precisamente su conocimiento del pensamiento grecolatino y de la filosofía europea encabezada por Nietzsche y Schopenhauer, lleva a Ganivet a diagnosticar la abulia como el mal congénito español, de modo que toda su obra, especialmente su obra cumbre El Idearium Español, expresa su escepticismo ante los cambios de la realidad social española, debido a la traición de España a su propia historia, tal y como revela la obra El Porvenir de España publicada en 1912, que recoge el pensamiento de Ganivet y de Unamuno en relación con el asunto, expresado en una serie de cartas cruzadas entre ambos.

especialmente su obra cumbre El Idearium Español, expresa su escepticismo ante los cambios de la realidad social española, debido a la traición de España a su propia historia

Obras

Algunas ya citadas anteriormente, sus obras más importantes fueron Granada la Bella publicada en Helsinki, 1896, La Conquista del Reino de Maya, Los Trabajos del Infatigable Creador Pío Cid, Cartas Finlandesas, Hombres del Norte, Epistolario, El Escultor de su Alma que vio la luz en 1906, y fundamentalmente El Idearium Español su obra más importante, además de su tesis doctoral publicada bajo el título de España Filosófica Contemporánea.

Para todo granadino que se precie y esté interesado por conocer la Granada de finales del siglo XIX, convulsa y atacada por los alentadores de la piqueta especuladora y de las tesis de un modernismo mal entendido, es obligada la lectura de Granada la Bella, donde se descubren muchos de los aspectos de la ciudad y sus habitantes, el agua, las costumbres, la instalación del alumbrado, el ensanche de la ciudad y tantos otros

Para todo granadino que se precie, es obligada la lectura de Granada la Bella, donde se descubren muchos de los aspectos de la ciudad y sus habitantes

temas destacables, obra cumbre que da pie a descubrir muchos de los males congénitos de los granadinos.

Muerte y memoria

Ángel Ganivet muere en las aguas gélidas del río Dvina Occidental, en Riga. En su recuerdo, en el Molino de la Sagra donde vivió, fue colocada en 1900 una lápida acompañada de un bellísimo medallón que reproduce su efigie y en la que dice:

En esta casa vivió el malogrado escritor granadino Ángel Ganivet García, Cónsul de España en Riga, donde murió el 28 de noviembre de 1898. El Excmo. Ayuntamiento de Granada le dedica este recuerdo. MCM”.

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