Populismos

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CÉSAR GIRÓN
De JxG

EN ESTOS DÍAS HAN FALLECIDO GRANDES HOMBRES, ENTRE LOS QUE DESTACA SIN DUDA BENEDICTO XVI, QUE DENUNCIÓ EL RELATIVISMO MORAL Y EL REDUCCIONISMO PROPIO DE LOS POPULISMOS COMO UN PERNICIOSO MAL DE LA SOCIEDAD ACTUAL

Los populismos son corrientes políticas que se basan en el discurso del pueblo contra las élites, y que buscan la participación popular directa en la toma de decisiones políticas. Los líderes populistas suelen presentarse como los defensores del pueblo y prometer soluciones sencillas a problemas complejos.
Los populismos pueden presentarse de distintas maneras y pueden incluir elementos de izquierda o derecha. Aunque el término «populismo» se ha utilizado históricamente para describir a movimientos políticos de derecha, en la actualidad se pueden encontrar líderes y movimientos populistas tanto de derecha como de izquierda.
Un ejemplo de líder populista de derecha es el presidente de Estados Unidos Donald Trump, que se presentó como el defensor de la clase trabajadora y prometió proteger a los ciudadanos estadounidenses de la inmigración y el comercio internacional. Por otro lado, el líder venezolano Hugo Chávez, es un ejemplo de líder populista de izquierda, que prometió redistribuir la riqueza y luchar contra la corrupción y la pobreza extrema.
Los populismos pueden tener éxito en momentos de crisis económica o política, cuando la gente está descontenta con el status quo y busca un cambio radical. Sin embargo, a menudo se critica a los líderes populistas por simplificar demasiado los problemas y no ofrecer soluciones viables a largo plazo. Además, algunos líderes populistas han sido acusados de promover discursos de odio y divisiones en la sociedad.
Como corrientes políticas que enfrentan al ciudadano contra las clases dirigentes y que amparan una medial participación popular en la toma de decisiones, pueden tener éxito en momentos de crisis, pero también son criticados por ofrecer soluciones simplistas y por promover el odio y la división. No vale hablar de un populismo bueno y un populismo malo; y tampoco es correcto hablar de uno de izquierda y otro de derecha. Los populismos son nocivos socialmente se les mire como se les mire.
Siempre he despreciado a los que banalizan el fascismo y el nazismo, como también a los que lo hacen con el marxismo y el estalinismo, encuadrándolos en que unos son ideológicamente de izquierda y otros de derecha. Ese reduccionismo es aún más pernicioso que el relativismo moral que actualmente azota nuestra sociedad, porque el fascista, el nazi y el estalinista son idénticos, se sirven de ideologías frías y despiadadas con las que conseguir simples objetivos personales o grupales, sobre la base de la denigración del diferente. Todos estos populismos, partiendo de aparentemente distintos postulados, llegaron a los mismos resultados y consecuencias.

No olvidemos que el fascismo o el nazismo surgieron como movimientos en favor de los trabajadores, como lo fue también el marxismo soviético, leninista o estalinista, que surgió del pueblo y para el pueblo, pero que todos llegaron al mismo resultado: a la destrucción humana de la manera más vil que se recuerda; en especial el nazismo hitleriano y el comunismo estalinista.

En estos días vienen a mi memoria las palabras que Benedicto XVI pronunciara ante el Parlamento Federal de Alemania, el Bundestag, en 2016, incluidas en aquel brillante discurso sobre la razón, el derecho y la ecología. El Papa abordó el tema de “los fundamentos del Estado liberal de derecho” con unas palabras de San Agustín: “un Estado que no respeta el derecho es una gran banda de forajidos”, y vino a tachar los populismos como la enfermedad más grave de la sociedad al señalar como valiéndose de las bondades del humanismo se valen del régimen democrático liberal de derecho para permitir a los criminales acceder al poder con el único fin de destruir al propio Estado. Fue eso lo que sucedió con el gobierno de “Adolf Hitler, elegido canciller democráticamente, cuando pisoteó el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho”.
Para sorpresa de todos, Benedicto XVI explicó que el cristianismo trajo una superación del estado teocrático pues “contrariamente a otras grandes religiones, nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, sino que situó las verdaderas fuentes del derecho en la naturaleza y la razón”. De su síntesis con la filosofía estoica de Grecia y el derecho codificado de Roma nació la cultura jurídica occidental, que ha sido y sigue siendo de una importancia decisiva para la cultura jurídica de la humanidad”.
No debemos pensar que los populismos solo se desarrollan a nivel de los estados. Suceden y acaecen en todos los tramos sociales, en todas las instancias, desde lo estatal a lo local, impregnando y condicionando toda la acción política liberal. Por eso los razonamientos éticos que fundamentan los estados y la política, jamás deben obviarse.

Un discurso para la historia
Enlace con el discurso íntegro de Benedicto ante el Bundestag

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